La ofensiva del gobierno colombiano contra las estructuras del crimen organizado se intensifica a pesar de los recientes acercamientos de paz. El Ejército Nacional confirmó hoy el abatimiento de cinco miembros del Clan del Golfo, la organización criminal más grande del país, durante combates registrados en el departamento de Antioquia.
El presidente Gustavo Petro, quien ha impulsado una política de diálogo con diversos grupos armados, conocida como la «Paz Total», parece mantener la presión militar sobre esta organización dedicada al tráfico de cocaína y, cada vez más, a la minería ilegal. Esta actividad, según expertos, se ha convertido en la principal fuente de financiación del cártel, especialmente en Antioquia, una región estratégica por sus yacimientos ilegales de oro.
El Diálogo en Medio de la Guerra
La noticia de las bajas se produce semanas después de que delegados de Petro y voceros del grupo armado concluyeran reuniones exploratorias en Catar en septiembre, con el objetivo de iniciar negociaciones formales para su desmovilización. Si bien no se conocieron los detalles específicos del encuentro, el jefe negociador del gobierno, Álvaro Jiménez, reveló en su momento a la AFP que las condiciones impuestas por los narcos para el desarme incluyen la obtención de beneficios judiciales y garantías de seguridad.
Sin embargo, Jiménez advirtió en ese mismo mes que el gobierno colombiano no contempla la posibilidad de declarar una tregua con el Clan del Golfo. Esta postura se refuerza con las operaciones militares que buscan desmantelar a una organización que, según el funcionario, cuenta en la actualidad con una estructura que oscila entre los 6.000 y 7.000 miembros.
Historia de un Cártel en Expansión
El conflicto entre el Clan del Golfo, que se autodenomina Ejército Gaitanista de Colombia (EGC), y la Fuerza Pública se remonta a la primera década de este siglo. A lo largo de los años, su poder ha crecido exponencialmente, según estudios, gracias a complejas alianzas criminales que incluyen a miembros de la fuerza pública, políticos locales y organizaciones extranjeras involucradas en el tráfico de cocaína.
Tras la extradición a Estados Unidos en 2022 de su máximo cabecilla, Dairo Antonio Úsuga David, alias ‘Otoniel’, el mando de la organización recayó en Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, alias ‘Chiquito Malo’, quien ahora comanda una estructura que afronta la intensidad de la ofensiva militar gubernamental en medio de un tentativo proceso de paz.

