Adrián Benítez: Superando la discapacidad para salvar vidas en Sensuntepeque

Adrián Benítez, socorrista y fundador de Comandos de Salvamento en Sensuntepeque, Cabañas Este, ha enfrentado numerosos desafíos a lo largo de su vida. Desde niño fue diagnosticado con parálisis infantil que limitó la movilidad de sus piernas, pero a sus 51 años ha superado obstáculos para cumplir sus metas. Cuenta que su vocación de ayudar a los demás surge de la empatía que él mismo recibió y que siempre tuvo interés por el altruismo.

«En mi infancia existían grupos como Los Novatos y los Scout, y siempre me incluyeron; nunca fui discriminado, al contrario, recibí apoyo, lo que me motivó mucho para seguir ayudando», comentó. En 1986 se unió a la Cruz Roja Salvadoreña en su región, lo que para él fue una forma de descubrir el mundo y aprender sobre emergencias, especialmente en tiempos de guerra.

Su primer gran avance fue dejar la muleta y el bastón para usar una bicicleta. Aunque le costó adaptarse, con el tiempo ganó admiración por su destreza. Luego se propuso manejar vehículos y finalmente ambulancias, tareas complejas que logró dominar. «Me esforzaba por integrarme en actividades cotidianas como cualquier otra persona», expresó.

«Me arrodillaba para ganarme la confianza de mis compañeros y mostrarles que no era una carga, ni que solo podía hacer ciertas cosas», añadió.

Llegó a ser jefe de la Cruz Roja en Cabañas y permaneció en la institución hasta 2008, cuando esta se desintegró por problemas operativos. Tras varias aperturas y cierres, decidió retirarse para enfocarse en su negocio personal.

Sin embargo, su reputación hizo que la comunidad siguiera recurriendo a él para emergencias, las cuales atendía con su propio vehículo. Después, junto con excompañeros, fundaron la seccional de Comandos de Salvamento, empezando en una pequeña champa y adquiriendo una ambulancia entre todos.

«Todo lo que he logrado se lo debo a mi madre, que siempre se preocupó por que fuera útil para la sociedad, y a Dios, que me ha dado oportunidades. A mi edad, siento que no me ha faltado nada; en mi pueblo no me ven como una persona con discapacidad, sino como alguien en quien confiar, que siempre está dispuesto a ayudar en momentos difíciles», concluye Adrián.

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