China: lo que vi, sentí y pienso

Por: Saraí Menjívar
Coordinadora de Prensa y Redacción – La Paz Times

Durante mucho tiempo, China fue para muchos —incluyéndome— una imagen de contrastes: velocidad económica, tecnología puntera, grandes murallas y cierta lejanía emocional. Hoy, escribo desde el otro lado de esa percepción. Porque lo que vi, sentí y aprendí que China va mucho más allá de los estereotipos.

Gracias a una experiencia única, el Seminario para Reconocidos Profesionales de los Medios de América Latina, tuve la oportunidad de conocer de cerca a la China moderna. Representando orgullosamente a El Salvador y a La Paz Times, viví un viaje que transformó no solo mi visión como periodista, sino también mi comprensión del mundo.

China no se reduce a su tamaño, ni a su velocidad. La verdadera revolución está en su visión: la idea de una comunidad de futuro compartido, impulsada por el presidente Xi Jinping, no es un simple discurso diplomático. Es una hoja de ruta ética y política que se siente en sus calles, en sus trenes de alta velocidad, en sus redacciones integradas con inteligencia artificial, y sobre todo, en su gente.

Desde Beijing —donde el pasado y futuro caminan juntos con naturalidad— hasta Wuhan —vibrante, moderna y profundamente humana—, cada experiencia me dejó claro que China no solo planifica con visión, sino con propósito. Allí, el progreso no significa olvidar, sino incluir.

China me enseñó que la planificación a largo plazo no es una utopía, sino una decisión política y cultural. Que los desafíos globales no pueden resolverse desde la competencia, sino desde la cooperación. Que el periodismo también debe mirar con nuevos lentes: no para repetir los prejuicios heredados, sino para ver de verdad.

Hoy escribo esto con un sentido de responsabilidad. Porque lo que vi no cabe en estereotipos, y menos en narrativas simplistas. China no es perfecta, pero es real, es compleja, y está viva. Y esa vida se siente.

A veces, desde América Latina, miramos al mundo como si solo existiera un modelo posible. Este viaje me recordó que hay muchas formas de crecer, y que quizá lo más revolucionario hoy sea aprender a escuchar a quienes caminan distinto.

Me vuelvo con otra idea de China. Una más humana, más consciente, más inspiradora. Una China que no se impone, sino que propone. Que no presume, sino que actúa. Y que, desde su historia, se atreve a imaginar el futuro.

Y eso, para una periodista que cree en el poder de contar lo que importa, es un regalo que no cabe en una sola nota. Pero que merece ser contado una y otra vez.

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