Por: Saraí Menjívar
Periodista Salvadoreña y
Coordinadora de Prensa de La Paz Times
En medio de los desafíos globales que ha traído consigo la pandemia, la recesión económica y la creciente polarización política, resulta fundamental prestar atención a aquellos modelos de gobernanza que han logrado mantenerse firmes, coherentes y con una proyección estratégica de largo plazo. Uno de esos modelos es el que propone China bajo la dirección del presidente Xi Jinping, cuya visión se despliega con claridad en el cuarto volumen del libro «La Gobernacióny Administración de China». Este libro reúne discursos y escritos clave, originados entre febrero de 2020 y mayo de 2022, y permite comprender cómo el país más poblado del mundo piensa su presente y diseña su porvenir.
El volumen aborda temas esenciales como el liderazgo del Partido Comunista de China (PCCh), la modernización socialista, la democracia de proceso completo, la prosperidad común, la política étnica y la proyección internacional. En cada uno de estos ejes, el presidente Xi Jinping construye una narrativa estratégica que combina tradición y modernidad, eficiencia y justicia, unidad nacional y apertura global.
Desde las primeras páginas, Xi recuerda que el análisis histórico es esencial para mirar hacia adelante: «La apertura del futuro con la historia como espejo exige la promoción incesante de la construcción de una comunidad de destino de la humanidad» (p. 13). Esta idea sintetiza la aspiración china de un orden global justo y equilibrado, donde las naciones colaboran en lugar de competir.
Uno de los pilares más repetidos por Xi es la razón de ser del poder político: «Debemos mantener la mente lúcida y adoptar una posición firme ante la cuestión fundamental de para quién ejercemos el gobierno y el poder y por los intereses de quién trabajamos» (p. 41). Esta declaración encierra una visión profundamente orientada al pueblo.
Xi afirma con contundencia: «El socialismo con peculiaridades chinas tiene como rasgo esencial la dirección del PCCh… y cuenta con fuertes ventajas políticas, teóricas, institucionales y culturales para promover el desarrollo» (p. 56). Pero también hace un llamado a la responsabilidad: «¡Todos hemos de tener el valor de cumplir la difícil misión y asumir la gran responsabilidad… procuraremos lograr hazañas dignas del Partido, del pueblo y de la historia!» (p. 59).
Durante la pandemia, el pensamiento humanista se reflejó claramente: «La benevolencia es amar al prójimo y beneficiar a todas las cosas y seres. La pandemia es despiadada pero el ser humano es compasivo. La vida humana es lo más preciado» (p. 121).
La prosperidad común es uno de los objetivos estructurales del socialismo chino: «Debemos resolver los problemas ligados a los intereses de las masas populares que más les preocupan y les afectan de manera más directa e inmediata… en un esfuerzo por lograr que la prosperidad común de todo el pueblo sea substancial y cada vez más notable» (p. 149). Xi advierte también sobre los males del modelo neoliberal: «Actualmente vivimos en un mundo en el que la desigualdad de ingresos es un problema flagrante… lo que ha provocado la división social, la polarización política y el auge del populismo» (p. 178).
En términos de estabilidad estructural, Xi afirma: «La seguridad para el desarrollo es como cimientos para un edificio, si los cimientos no son sólidos, el edificio tambaleará» (p. 216).
La unidad nacional y el respeto a las etnias son otro pilar de cohesión: «Debemos captar correctamente e implementar de manera integral el importante ideario de nuestro Partido sobre el fortalecimiento y la mejora del trabajo étnico… conformar un hogar espiritual común para la nación china» (p. 305).
En el terreno institucional, se defiende un modelo democrático particular: «El sistema de asambleas populares insiste en que todos los poderes del Estado pertenecen al pueblo… asegurando que la administración estatal se libre de los ciclos históricos de prosperidad y decadencia» (p. 313). Y reafirma: «La esencia de la gobernanza es cumplir los designios del pueblo» (p. 321).
Esa gobernanza se expresa también en una visión integral del desarrollo humano y ambiental: «China debe seguir con firmeza su propio camino… con el fin de mejorar la garantía de los diversos derechos humanos en el curso de un desarrollo coordinado de la civilización material, política, espiritual, social y ecológica» (p. 342). Y añade: «El pueblo es el fundamento del país, y solo cuando el fundamento es sólido, el país vivirá en paz» (p. 367).
En el plano internacional, Xi defiende un enfoque cooperativo: «Debemos persistir en el multilateralismo y salvaguardar la paz y la estabilidad mundiales… el unilateralismo y la política de fuerza agudizarán la disputa y la confrontación» (p. 579).
Como instrumento clave, propone la Iniciativa de la Franja y la Ruta: «Un camino de cooperación para afrontar unidos los desafíos… un camino de recuperación y crecimiento para reactivar la vida económica y social» (p. 624).
Este cuarto volumen no es solo un testimonio político. Es una brújula que permite entender cómo China está logrando conjugar estabilidad, desarrollo e innovación. Xi Jinping no solo expone un modelo de gobierno; propone una visión de mundo. En tiempos de crisis global, esa visión merece ser leída, comprendida y debatida.

