Las hostilidades armadas en Oriente Medio se recrudecieron tras una serie de bombardeos iraníes dirigidos contra infraestructuras civiles vitales en Kuwait. Las autoridades locales confirmaron severos incendios en complejos petroleros, así como el cierre de unidades de producción de energía y desalinización de agua.
El Consejo de Cooperación del Golfo catalogó estas incursiones sistemáticas como crímenes de guerra directos contra la población civil. Paralelamente, el territorio de Irán sufrió bombardeos nocturnos ejecutados por fuerzas militares de Estados Unidos, los cuales impactaron estaciones de bombeo e instalaciones logísticas y de suministro eléctrico.
El recrudecimiento del conflicto provocó el bloqueo absoluto del tráfico marítimo en el estratégico estrecho de Ormuz, un paso clave para el comercio de hidrocarburos. Los Guardianes de la Revolución anunciaron la detención de embarcaciones mediante drones y la activación de campos de minas navales en la costa sur.
La escalada rompió de forma definitiva los pactos de tregua alcanzados previamente a mediados de junio entre las partes en conflicto. Washington advirtió que continuará destruyendo puentes y centrales eléctricas la próxima semana si el gobierno iraní se niega a sentarse en la mesa de negociaciones.

