El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, arribó de forma oficial al epicentro del brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC). El alto funcionario internacional aterrizó este sábado en el aeropuerto de Bunia, terminal aérea que permanece cerrada para los vuelos comerciales debido a la emergencia epidemiológica. Ghebreyesus especificó ante los corresponsales de prensa que la misión busca dialogar de forma directa con la comunidad civil e identificar las principales dificultades logísticas para optimizar la asistencia humanitaria.
La alarmante crisis sanitaria obligó a la OMS a activar una alerta sanitaria internacional de carácter urgente en toda la periferia del continente africano. La República Democrática del Congo, catalogada como una de las naciones más pobres del planeta, declaró formalmente este nuevo brote epidémico el pasado 15 de mayo. Hasta la fecha, las autoridades médicas han detectado la presencia de la contagiosa fiebre hemorrágica en tres provincias congoleñas, concentrándose la inmensa mayoría de los contagios dentro de los límites de la provincia de Ituri.
El balance técnico del África CDC, agencia especializada de la Unión Africana, detalla que en la RDC se registran al menos 246 muertes entre más de 1,000 casos sospechosos. Asimismo, el patógeno cruzó las fronteras estables y ya afecta a la vecina Uganda, donde este viernes se confirmaron dos nuevos contagios, elevando a nueve los casos confirmados en ese país. Los expertos gubernamentales advierten que las estadísticas oficiales probablemente se encuentran subestimadas debido a la limitada capacidad logística local para procesar las pruebas moleculares de laboratorio.
Finalmente, los registros históricos detallan que este virus letal ha provocado más de 15,000 fallecimientos en el territorio de África a lo largo de los últimos 50 años. Las agencias recuerdan con preocupación que el brote más mortífero registrado en la RDC aconteció entre los años 2018 y 2020, periodo donde se contabilizaron 2,300 muertes de un total de 3,500 enfermos. Con este nuevo despliegue en el terreno, los organismos internacionales buscan evitar una catástrofe humanitaria y edificar un cerco epidemiológico ordenado, moderno y seguro.

