Calor extremo en EE. UU.: Termómetros alcanzarán los 41,6°C antes del inicio de la primavera

Una abrasadora ola de calor agobia este jueves al oeste de Estados Unidos, registrando temperaturas récord en regiones donde, técnicamente, aún es invierno. Según el Servicio Nacional de Meteorología (NWS), se espera que para el fin de semana el termómetro alcance los 41,6°C, una cifra que pulverizaría cualquier máxima histórica registrada para el mes de marzo. Esta situación ha activado alertas de calor extremo en el sur de California y Arizona, donde los expertos subrayan las peligrosas consecuencias que este clima inusual puede tener sobre las comunidades locales.

La meteoróloga Rose Schoenfeld explicó a la agencia AFP que las temperaturas actuales son hasta 20°C más altas de lo normal para esta época del año. El riesgo para la salud es elevado, ya que al ser la primera gran ola de calor tras un período de clima fresco, el cuerpo humano no ha logrado aclimatarse. Por ello, las autoridades recomiendan encarecidamente a la población permanecer en lugares con aire acondicionado, evitar actividades al aire libre y mantener una hidratación constante para prevenir golpes de calor que podrían resultar fatales.

Científicos sostienen que este fenómeno es una evidencia irrefutable del calentamiento global, impulsado principalmente por la quema indiscriminada de combustibles fósiles. Los datos confirman que los últimos once años han sido los más calientes en la historia del planeta, y esta tendencia parece intensificarse con eventos climáticos cada vez más erráticos. «Es muy probable que sigamos batiendo récords diarios e históricos en diversas zonas», advirtió Schoenfeld, señalando que la magnitud de este incremento térmico supera cualquier previsión estacional convencional.

Además del impacto humano, el aumento prematuro de las temperaturas está causando estragos en la fauna y la flora del hemisferio norte antes del inicio oficial de la primavera. Muchas especies vegetales ya han comenzado a florecer y la vegetación crece a un ritmo vertiginoso, estimulada por las intensas lluvias de los meses anteriores. Este desajuste biológico altera los ciclos naturales de polinización y migración, dejando en evidencia la vulnerabilidad del ecosistema ante los cambios drásticos en el clima que caracterizan a la crisis ambiental contemporánea.

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