El histórico apagón que paralizó a España y Portugal el 28 de abril de 2025 fue el resultado de una «tormenta perfecta de múltiples factores», según el informe final publicado este viernes por un panel de 49 expertos internacionales. El documento confirma la incapacidad técnica del sistema eléctrico ibérico para gestionar sobretensiones críticas, calificando el incidente como el peor desastre de su tipo en Europa en los últimos veinte años. Damián Cortinas, presidente de ENTSO-E, subrayó que no existió una causa única, sino una combinación de eventos interrelacionados que desencadenaron el colapso a las 12:33 p.m.
La investigación técnica identificó como fenómeno clave la ineficacia del control de tensión dentro de la red española, lo que generó fluctuaciones y oscilaciones incontrolables. Estas inestabilidades provocaron desconexiones automáticas masivas, afectando particularmente a los medios basados en conversores, tecnología fundamental en las centrales de energías renovables. El informe destaca que el sistema no logró equilibrar la carga ante estas anomalías, lo que derivó en una caída en cascada de la infraestructura energética que dejó a millones de usuarios sin suministro de forma inmediata.
Aquel lunes de abril, el incidente sumió a toda la península Ibérica en un estado de caos absoluto al interrumpir servicios vitales de manera simultánea. La falta de electricidad anuló el acceso a internet, las redes de telefonía móvil, el funcionamiento de semáforos y los terminales bancarios, paralizando la actividad económica y social por completo. Los expertos señalan que la magnitud del evento puso en evidencia la vulnerabilidad de las redes modernas ante fenómenos técnicos complejos, obligando a replantear los protocolos de seguridad energética en toda la Unión Europea.
Tras la publicación de este informe, las autoridades eléctricas internacionales instan a una revisión profunda de la tecnología de distribución para evitar que una crisis de tal envergadura se repita. La red europea de gestores de transporte de electricidad ya trabaja en nuevas normativas para fortalecer el control de tensión y mejorar la resiliencia de las fuentes de energía limpia. Con este diagnóstico final, se cierra un capítulo de incertidumbre sobre el origen del apagón, dejando una lección crítica sobre la necesidad de modernizar la gestión de redes frente a los desafíos técnicos del siglo XXI.

