El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas lanzó una advertencia urgente desde Ginebra: si el conflicto armado en Oriente Medio se prolonga hasta junio, 45 millones de personas adicionales podrían caer en una situación de inseguridad alimentaria aguda. El director ejecutivo adjunto del organismo, Carl Skau, señaló que este incremento, impulsado por la escalada de precios, elevaría el hambre en el mundo a un récord absoluto. Esta proyección se suma a los 319 millones de personas que ya padecen hambre actualmente, una cifra que ya se consideraba sin precedentes antes de la actual crisis.
Según el organismo, el mundo ya enfrentaba una «tormenta perfecta» antes del estallido de la guerra el pasado 28 de febrero. La combinación de fenómenos meteorológicos extremos, conflictos regionales persistentes y la declaración de áreas en hambruna ha erosionado la capacidad de respuesta internacional. Además, el PMA enfrenta una caída estrepitosa en sus recursos financieros en comparación con los niveles registrados en 2023 y 2024, lo que limita significativamente su margen de maniobra para atender a las poblaciones más vulnerables.
La prolongación de la guerra ha vuelto las operaciones de asistencia humanitaria «mucho más caras», según explicó Skau. Los costos operativos se han disparado debido al fuerte aumento en los precios del combustible y la necesidad de utilizar rutas logísticas más largas y costosas para evitar las zonas de combate. Este encarecimiento del transporte impacta directamente en la distribución de ayuda, haciendo que cada dólar rinda menos en un momento donde la demanda de alimentos básicos en el mercado internacional no deja de subir.
El mensaje de la ONU es claro: la situación actual lleva la emergencia global a un nivel completamente distinto y peligroso. El organismo insiste en que el hambre nunca ha sido tan grave como ahora y que la interrupción de las cadenas de suministro pone en riesgo la estabilidad de regiones enteras. De no frenarse el conflicto y estabilizarse los mercados energéticos, el mundo se enfrenta a una crisis de subsistencia que podría dejar huellas imborrables en las generaciones futuras y en la seguridad política global.

