La intensa temporada de lluvias en Perú ha alcanzado niveles críticos, dejando un saldo lamentable de al menos 92 fallecidos y más de 23,000 damnificados hasta la fecha. Según el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci), la mayoría de las víctimas perdió la vida debido a deslizamientos de tierra, inundaciones severas y tormentas eléctricas provocadas por el desborde de ríos en las regiones andinas y amazónicas. El desastre más reciente ocurrió el pasado domingo en el distrito de Parcoy, región de La Libertad, donde un alud sepultó diversas viviendas cobrando la vida de cinco personas.
La magnitud de la crisis ha obligado al Ejecutivo peruano a declarar en estado de emergencia a ,177 distritos, lo que representa más del 60 % de la jurisdicción nacional. Las regiones más golpeadas se localizan en la frontera con Ecuador, como Tumbes, Piura y Cajamarca, así como en los departamentos de Arequipa, Ayacucho y Madre de Dios, este último limítrofe con Brasil y Bolivia. Además de las pérdidas humanas, el balance material es desolador: las autoridades reportan 1,149 viviendas totalmente destruidas y miles de familias que han quedado en situación de vulnerabilidad extrema.
Los expertos señalan que el país se encuentra desde febrero en estado de alerta climática debido a la llegada del fenómeno «El Niño Costero». Este evento natural eleva periódicamente la temperatura del océano, generando un ciclo de precipitaciones inusuales que desestabilizan el suelo en las zonas de montaña y provocan crecidas repentinas en las cuencas bajas. Aunque la temporada de lluvias corre habitualmente de diciembre a abril, la intensidad registrada en este 2026 ya amenaza con superar las estadísticas de 2025, año en el que se contabilizaron 96 muertes y más de 127,000 afectados.
Ante la persistencia de las lluvias, los equipos de rescate y asistencia humanitaria trabajan a contrarreloj para evacuar a las poblaciones en riesgo y establecer albergues temporales. El Indeci ha instado a la ciudadanía a mantenerse alejada de las riberas de los ríos y de las zonas de quebradas, mientras el Gobierno central gestiona el envío de maquinaria pesada para liberar las vías obstruidas por el lodo. Con el fenómeno de El Niño aún en desarrollo, las autoridades prevén que las próximas semanas serán determinantes para contener el impacto de una de las crisis climáticas más severas de los últimos años.

