Las autoridades sanitarias de Francia informaron este miércoles sobre el fallecimiento de un tercer bebé que consumió leche infantil retirada del mercado por sospechas de contaminación bacteriana. El Ministerio de Salud francés detalló que, además de los decesos, se han contabilizado 14 hospitalizaciones de lactantes que podrían haber ingerido productos vinculados a los lotes comprometidos. No obstante, el ente gubernamental fue cauteloso al declarar que, hasta la fecha, no se ha establecido científicamente un carácter de imputabilidad directa, por lo que las investigaciones judiciales se mantienen activas para esclarecer los hechos.
La crisis, que se originó a mediados de diciembre, ha provocado un retiro masivo de productos en más de 60 países tras detectarse la presencia potencial de la toxina cereulida. Firmas líderes del sector, como Nestlé y el grupo francés Lactalis, han retirado decenas de lotes en mercados estratégicos de América Latina, incluyendo naciones como Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. La alerta se intensificó a inicios de febrero, cuando las autoridades europeas redujeron los umbrales de tolerancia para dicha toxina, la cual es capaz de provocar cuadros de vómitos severos y peligrosos en recién nacidos.
La respuesta de la industria y el Estado ha sido duramente cuestionada por la ONG Foodwatch y diversas asociaciones de familias, quienes han interpuesto demandas ante la justicia. Los demandantes acusan a los fabricantes y a los organismos de supervisión de haber actuado con excesiva lentitud tanto en la ejecución de los retiros como en la comunicación de los riesgos al público general. Francia se mantiene como el único país europeo que ha reportado muertes confirmadas tras el consumo de las leches involucradas, lo que ha puesto al país en el epicentro de un debate sobre la seguridad alimentaria infantil.
Finalmente, mientras en Reino Unido se reportan al menos 30 hospitalizaciones sin un vínculo causal definitivo, las pesquisas en Francia buscan determinar si hubo negligencia en las cadenas de producción de Danone, Lactalis y otras marcas menores. La situación ha generado una alarma internacional que obliga a una revisión profunda de los protocolos de calidad en la industria láctea global. Por ahora, las autoridades instan a los padres de familia a verificar minuciosamente los códigos de los productos en su poder y a buscar atención médica inmediata ante cualquier síntoma adverso en los menores.

