Una intensa ola de calor en Europa occidental y del este ha provocado graves daños en la infraestructura vial, destacando el derretimiento de las juntas del tranvía sobre el pavimento en la ciudad alemana de Leipzig. Ante el riesgo inminente, la Autoridad de Transportes de Leipzig (LVB) suspendió de manera indefinida todos los servicios de este transporte urbano, priorizando la seguridad de los pasajeros.
Las extremas temperaturas también causaron fallas en los autobuses públicos y severos retrasos de hasta hora y media en los trenes de alta velocidad entre Múnich y Hamburgo, además de la cancelación de rutas hacia Berlín. Ante la emergencia, la LVB emitió una convocatoria en redes sociales solicitando voluntarios equipados con espátulas y chalecos reflectivos para ayudar a remover el material fundido de los rieles.
De forma paralela, el impacto del clima extremo ha encendido las alarmas en Francia, donde las autoridades sanitarias confirmaron al menos 300 decesos asociados a la primera ola de calor de este año. La situación empeoró durante junio con una segunda racha térmica que superó los 40 °C, dejando un balance preliminar de cerca de 1,000 muertes adicionales en territorio francés.
Esta crisis climática desató un tenso debate político en el Parlamento francés, donde la oposición ecologista acusó al gobierno de inacción y falta de previsión, anunciando una moción de censura contra el primer ministro Sébastien Lecornu. Por su parte, el mandatario se mostró a favor de crear una comisión investigadora, argumentando que el Estado no ha sido indiferente, pero reconociendo la urgencia de acelerar la adaptación al cambio climático.

