Médicos británicos alertan que el peligro de las redes sociales en menores es equiparable al tabaquismo

La Academy of Medical Royal Colleges, organización que reúne a las principales instituciones profesionales médicas del Reino Unido, emitió un informe lapidario en el que equipara el peligro de las redes sociales con el tabaquismo. El estamento médico catalogó el uso no regulado de estas plataformas digitales como un problema de salud pública de primer orden. De acuerdo con una encuesta interna, la mitad de los facultativos reportó atender semanalmente a niños con severa angustia mental o lesiones físicas ligadas a internet.

Los especialistas advirtieron que existe una preocupante ola de menores de edad radicalizados debido a su constante exposición a contenidos perturbadores, adictivos y de odio. Esta seria advertencia coincide con el cierre de la consulta pública impulsada por el Gobierno laborista para analizar la prohibición de redes sociales a menores de 16 años, siguiendo el esquema de Australia. Para profundizar en la problemática, el primer ministro Keir Starmer programó reuniones clave con familias afectadas por tragedias vinculadas al entorno virtual.

El debate político británico ha sumado posturas drásticas, incluyendo la del exministro de Salud Wes Streeting, quien comparó el accionar corporativo de las firmas tecnológicas con las viejas estrategias de las tabacaleras. El Ejecutivo ha escuchado tanto a los defensores de la restricción total como a los sectores que buscan enfoques alternativos de prevención del suicidio. Por su parte, el primer ministro Starmer no ha descartado aplicar el veto absoluto una vez se procesen técnicamente las conclusiones del censo nacional.

La ministra de Tecnología, Liz Kendall, confirmó formalmente que la administración estatal ejecutará acciones regulatorias antes de que finalice el presente año para aplicar los resultados de la consulta. El Gobierno busca edificar un marco legal sólido que neutralice los riesgos de seguridad y los daños emocionales en la infancia. El avance de la legislación británica se mantiene bajo el escrutinio internacional ante el creciente clamor por limitar el poder de los gigantes tecnológicos sobre las juventudes.

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