El mercado energético mundial enfrenta su peor crisis histórica tras el anuncio de Irán de mantener cerrado indefinidamente el estratégico estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del crudo global. Esta parálisis, calificada por la Agencia Internacional de la Energía (AIE) como «la mayor perturbación» del suministro jamás registrada, disparó el precio del barril de Brent un 9.22 %, cerrando este jueves en $100.46 dólares, su nivel más alto desde 2022. La tensión escaló tras el primer mensaje del nuevo guía supremo iraní, Mojtaba Jamenei, quien prometió venganza por la muerte de su padre y ordenó a los Guardianes de la Revolución utilizar el bloqueo marítimo como una carta de presión definitiva contra Estados Unidos e Israel.
En un intento desesperado por estabilizar los precios y evitar el desabastecimiento, los países miembros de la AIE acordaron liberar 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas, la mayor movilización de crudo en la historia de la organización. Solo Estados Unidos suministrará 172 millones de barriles en los próximos tres meses, lo que representa el 40 % de sus inventarios actuales. Sin embargo, analistas financieros de entidades como ING y Saxo UK Investor advierten que esta medida es una «solución temporal y limitada» que no alcanza a cubrir la pérdida diaria de 10 millones de barriles de petróleo y productos derivados que han desaparecido del mercado tras el inicio de las hostilidades el pasado 28 de febrero.
La situación se ha agravado por una ola de ataques sistemáticos contra infraestructuras energéticas clave en toda la región del Golfo. El jueves, Baréin confirmó un impacto iraní en los depósitos de combustible de Muharraq, mientras que drones alcanzaron terminales de almacenamiento en puertos de Omán. Por su parte, Arabia Saudí informó sobre la interceptación de proyectiles dirigidos hacia el yacimiento de Shaybah. Esta inseguridad extrema ha forzado a las grandes petroleras de la región a reducir drásticamente su producción, no solo por el riesgo bélico, sino por la falta de capacidad de almacenamiento ante la imposibilidad de exportar el crudo por vía marítima.
Mientras el jefe del Consejo Superior de Seguridad de Irán, Alí Larijani, advierte que Estados Unidos se arrepentirá de lo que considera un «grave error de cálculo», la economía mundial se prepara para un escenario de escasez prolongada. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha restado importancia a las amenazas iraníes, pero la realidad en los mercados bursátiles refleja una volatilidad sin precedentes. La comunidad internacional coincide en que la única salida para frenar la espiral de precios es la reapertura de Ormuz, un escenario que parece lejano mientras los ataques con misiles y drones mantengan paralizado casi por completo el tráfico en el corazón energético del mundo.

