El país que en 2015 estaba entre los más inseguros y violentos del mundo, disfruta hoy de una tasa de homicidios mucho más baja, según los datos publicados por el Gobierno y que recoge el Banco Mundial hasta 2022. En solo 10 años, El Salvador ha dado un cambio radical, basado en durísimas políticas que no están exentas de controversia, pero que han reducido la violencia de las calles, al mismo tiempo que han llenado las cárceles de pandilleros y bandidos. La mejora en términos de seguridad, además, está empezando a dar sus frutos de forma clara en mayor inversión doméstica y extranjera, desencadenando un despegue del producto interior bruto (PIB) que ha pillado por sorpresa incluso al FMI, que ha tenido que revisar a última hora sus previsiones de la actividad económica en más de un punto. Nayib Bukele, presidente de El Salvador y artífice de este cambio, no duda a la hora de presumir de lo que ha sucedido en su país y cómo está cambiando la forma de vida y la propia economía.
La tasa de homicidios por 100.000 habitantes ha caído en El Salvador con datos de cierre de 2025 hasta los 1,3 (82 homicidios en un año), un 28% menos que en 2024, según la policía salvadoreña (unos datos son luego refrenda el Banco Mundial). También la empresa Gallup ha corroborado la mejora de la seguridad en El Salvador, al que considera uno de los países más seguros del mundo, según sus estudios. Para Bukele, el fin justifica los medios. «El Salvador ha tenido históricamente una tasa de homicidios extraordinariamente alta. Esta comenzó durante la guerra civil de la década de 1980 y nunca terminó del todo después, con picos extremos a mediados de la década de 1990 y de nuevo entre 2015 y 2016. Sin embargo, la media, e incluso los años menos violentos, se mantuvo consistentemente comparable a la de una zona de guerra activa», explica el mandatario en su cuenta de X.
El Estado de Excepción sigue vigente y da poderes casi infinitos a Bukele y la policía, lo que ha sido ferozmente criticado por organizaciones de derechos humanos y ONGs. Las medidas implementadas por el Gobierno de El Salvador han sido cuestionados por el uso de la fuerza contra los presos, las malas condiciones de las cárceles o las detenciones masivas de ciudadanos sin el respaldo judicial que se ofrece en las democracias consideradas como plenas en los índices internacionales.
«El último año que no se vio afectado por la ofensiva antipandillas de nuestro gobierno fue 2018. En 2019, nuestra administración asumió el cargo y el Plan Control Territorial se lanzó el 20 de junio de 2019. Por ello, se observa una disminución drástica y sostenida de los homicidios a partir de julio de 2019. La tasa de homicidios continuó disminuyendo durante 2020 y 2021. Sin embargo, no fue hasta la ofensiva a gran escala contra las pandillas y el Estado de Excepción en 2022 que la delincuencia se redujo a niveles comparables a los de un país seguro. Para 2023, El Salvador se había vuelto más seguro que Estados Unidos y, para 2024, que Canadá. En 2025, la tasa de homicidios se redujo un 30% adicional, siendo ahora inferior a la de muchos países europeos«, asegura Bukele en la cuenta de X.
No solo eso, la tasa de homicidios en El Salvador ahora está dominada por otro tipo de muertes que hay que erradicar igualmente, pero que no están relacionadas con la violencia callejera. Según datos del Gobierno salvadoreño, alrededor del 90% de los casos ahora se derivan de violencia doméstica o peleas entre amigos relacionadas con el alcohol. «Estos son los tipos de delitos más difíciles de prevenir (no se puede poner un policía en cada hogar)», explica Bukele.
Con todo, la calma allana el terreno para la inversión, y la inversión genera el crecimiento futuro. El Salvador ha crecido un 4% en 2025, 1,4 puntos más de lo que había previsto el Fondo Monetario Internacional. Este crecimiento se ha visto impulsado por la entrada masiva de inversión extranjera y la mayor inversión doméstica.
El éxito de la economía
Hoy, abrir un negocio en El Salvador es mucho más seguro. Hace unos años, las tiendas, restaurantes, etc. tenían que lidiar con la extorsión de los pandilleros, una detracción de rentas que impedía rentabilizar miles de negocios en el país. Hoy, si un negocio no es rentable, es porque la idea o su funcionamiento son deficientes. Además, la inversión en bitcoin, que parecía una auténtica locura hace unos años, resulta haberse convertido en uno de los movimientos más rentables de El Salvador, ahora imitado por varios países que buscan crear o están creando su propia reserva de la criptomoneda.
En cuanto a la inversión, el turismo y la construcción (ambos de la mano) están liderando este cambio. En España puede sonar mal, al final el turismo y la construcción se relacionan con el bajo valor añadido y la escasa productividad. Pero en un país que viene de ser de los más pobres de América, este tipo de inversión (dado el capital humano que posee su población) parece en el corto y medio plazo la única salida sólida a la pobreza. Con todo, desde el think tank The American Central Group explican que «se ha anunciado que para 2030 el sector hotelero necesitará 10.000 habitaciones más (para un país de 6 millones de habitantes), lo que ha generado una ola de inversión privada, entre ellos el JW Marriott San Salvador y hoteles cinco estrellas en el Centro Histórico y en la playa».
El turismo se ha consolidado como uno de los pilares fundamentales de la economía salvadoreña. En 2025, el país recibió más de 4 millones de visitantes (de los que 1,2 millones son estadounidenses), un 17% más que en 2024, y generó más de 3.500 millones de dólares en ingresos, lo que representa entre el 11% y el 12% del PIB.
Por otro lado, pero muy relacionado con el turismo, la construcción se convirtió en un gran motor de la economía salvadoreña en 2025, con un crecimiento anual del 27,15% en el tercer trimestre y del 33,9% en el segundo. Esta expansión se basó en grandes megaproyectos de infraestructura públicos y privados, como el Aeropuerto Internacional del Pacífico, el Viaducto Francisco Morazán y obras de saneamiento de empresas españolas, los principales inversores extranjeros en el país.
A su vez, este dinamismo de la construcción ha tenido un efecto directo e indirecto en la creación de empleo, lo que ha contribuido a que El Salvador tenga una de las tasas de empleo más altas de Centroamérica, con el 97,3% de la población en edad laboral empleada. Otros sectores también destacaron en 2025. La explotación de minas y canteras se expandió 23,3%, mientras que la industria creció 4,35% en el tercer trimestre de 2025, el mejor desempeño trimestral desde 2021.
El gran éxito del bitcoin
Por si fuera poco, la apuesta de Bukele por el bitcoin refuerza la posición del país. El Salvador invirtió por primera vez en el activo digital en septiembre de 2021, hace más de cuatro años. Fue la primera adquisición, previa a la declaración del bitcoin como moneda de curso legal. Desde entonces, la administración no ha dejado de apostar por la cripto.
De 2021 a marzo de 2024, la Oficina de Bitcoin acumuló 1.121 bitcoins. El precio medio en ese periodo es de 44.056 dólares por token, por lo que el desembolso fue de 49,4 millones de dólares. La web oficial solo desglosa las transacciones posteriores, las de los últimos dos años, cuando ha comprado 6.404 bitcoins a un precio medio de 80.395 dólares, gastándose 514,8 millones. En total, su factura por los 7.525 bitcoins que posee hoy en día asciende a los 564,2 millones de dólares, que a precios actuales valen 677,2 millones de dólares, lo que supone una ganancia del 20%.
El Salvador fue el primer país en apostar por la criptomoneda, lo que le permite ahora tener esa rentabilidad de doble dígito. Pese a que la mayoría de las compras se han efectuado en los últimos dos años, su pronta adopción en 2021 y la progresividad de las operaciones reducen su riesgo. El país ha adquirido en diversas bandas de precio, lo que hace que su cartera sea más resistente que las que han entrado más recientemente, de forma más concentrada y en picos. No han sido pocos los que han apostado decididamente por el activo digital en torno a máximos, ya que 2025 ha estado marcado por la creación de la Reserva Estratégica de Bitcoin de Estados Unidos y la proliferación de tesoreras de criptomonedas. En estos casos, muchas organizaciones han comprado en torno a la euforia de los 100.000 dólares la unidad, lo que ahora se traduce en pérdidas.
Según las estimaciones por precio medio, El Salvador tendría actualmente una ganancia neta de más de 100 millones de dólares, ese 20% de retorno, y una cartera total de 677,2 millones. Aunque la cifra no es gigantesca, es dinero que tiene disponible el país para usar cuando le convenga.
Desde hace tiempo, el FMI ha avisado al país de Bukele de los riesgos que supone para la estabilidad financiera que el bitcoin fuera moneda de curso legal. La entidad obligó a la nación del Pacífico a cambiar el estatus del bitcoin y, desde hace un año, ya no es obligatorio (solo voluntario) que las administraciones o los comercios tengan métodos de pago compatibles. El FMI exigía esta condición a El Salvador para concederle el préstamo de 1.400 millones de dólares que le ha facilitado. Sin embargo, en la última misiva del organismo ya no se hacía alusión a estos riesgos y solo se valoraba el buen momento de la economía del país.
Es cierto que el bitcoin no se usa como moneda, sino como activo. Aunque Bukele intentó popularizar la cripto para las transacciones corrientes, nunca llegó a lograr ese objetivo. De hecho, la adopción como tal en el país es muy baja y no forma parte de la cotidianeidad de los ciudadanos. Como moneda fracasó, pero como inversión sí ha triunfado, al igual que lo ha hecho el descenso de la criminalidad, dos de sus decisiones que han dado sus frutos con el paso del tiempo.
Más allá del despegue económico o el éxito del bitcoin, «hoy ya no existen zonas inseguras en ningún lugar del país. Es también la razón por la que delitos como la extorsión, que antes afectaba a aproximadamente el 80% de los salvadoreños, casi han desaparecido. Los pocos casos que quedan se limitan en gran medida a estafas o posesión de información o imágenes íntimas. En otras palabras, pasamos de ser la Capital Mundial del Asesinato al país más seguro del hemisferio occidental, y vamos camino de convertirnos en el país más seguro del mundo», culmina Bukele en su cuenta de X.
FUENTE: elEconomista.es

