En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, la psicóloga salvadoreña Yaneth Sorto alertó sobre los efectos de la violencia laboral, una forma de agresión muchas veces sutil, normalizada y difícil de identificar, pero que impacta profundamente en la salud emocional, el desempeño profesional y el bienestar general de las mujeres. Según la especialista, cualquier conducta que genere incomodidad, humillación o sensación de inseguridad, por mínima que parezca, debe ser tomada en serio y reconocida como violencia laboral.
Sorto explicó que este tipo de violencia puede manifestarse en miradas invasivas, insinuaciones, bromas ofensivas, exclusión de decisiones, trato desigual, críticas desproporcionadas o mensajes inapropiados. “Si altera la tranquilidad o afecta el desempeño, es violencia”, enfatizó, destacando que la repetición de estas conductas deteriora el ambiente laboral y daña la autoestima profesional.
La experta detalló que los efectos más frecuentes incluyen ansiedad laboral, estrés sostenido, miedo, irritabilidad, agotamiento emocional, bloqueo cognitivo y una marcada pérdida de confianza profesional. Estos síntomas pueden escalar cuando se combinan con situaciones de discriminación de género, debilitando la salud emocional, afectando la productividad e incluso limitando el desarrollo de la carrera. Estos escenarios generan desgaste emocional y requieren atención especializada.
Ante este panorama, Sorto recomienda el autocuidado emocional para quienes aún están evaluando si denunciar formalmente. Entre las acciones clave menciona llevar un registro detallado de incidentes, buscar a alguien de confianza, practicar técnicas de regulación emocional como la respiración profunda, distanciarse de los agresores y mantener actividades laborales que refuercen la identidad profesional. Además, aconseja buscar orientación psicológica o legal cuando la situación se vuelve más compleja, porque permite tomar decisiones informadas y con apoyo.
La psicóloga también señala que muchas mujeres dudan en denunciar por temor a perder el empleo, sentir culpa, pensar que no será suficiente o creer que “no fue tan grave”. Estas barreras, según explica, se superan con información, acompañamiento profesional, redes de apoyo y fortalecimiento de la autoestima, recordando que la responsabilidad nunca recae sobre quien sufre la agresión.
Asimismo, destacó que la prevención no debe recaer únicamente en la mujer, sino que debe ser una tarea institucional. Las empresas, afirmó, tienen la responsabilidad de promover ambientes psicológicamente seguros mediante políticas claras de no tolerancia, mecanismos confidenciales de denuncia, liderazgo ético, equilibrio de cargas laborales, capacitaciones y una cultura basada en el respeto.
Sorto subraya que aún prevalecen estereotipos culturales que afectan el trato hacia las mujeres en el ámbito laboral: ideas que las presentan como sumisas, discretas o incapaces de cuestionar decisiones. Esa visión, agrega, facilita que se desacredite su trabajo, se minimice su voz y se normalicen conductas que vulneran su integridad emocional.
En su mensaje final, la psicóloga invita a reconocer el derecho fundamental que tienen las mujeres a trabajar en un entorno digno, respetuoso y seguro. “Tu bienestar emocional es prioridad. Si algo te hace sentir incómoda, humillada o insegura, no es normal: es violencia. Merecemos vivir con dignidad, respeto y libertad. No están solas: hay redes, profesionales y comunidades dispuestas a acompañarlas”, concluyó.

