Las imágenes que se repiten en los últimos días en Indonesia, Tailandia, Sri Lanka y otras naciones del Sudeste Asiático son estremecedoras: viviendas sumergidas bajo el agua, familias evacuadas en embarcaciones improvisadas y comunidades enteras aisladas por deslizamientos de tierra. Las intensas lluvias, que no cesan desde hace una semana, han generado inundaciones masivas que han dejado más de 300 muertos, cientos de desaparecidos y miles de damnificados en la región.
En Tailandia, las autoridades confirmaron este viernes que el número de fallecidos ascendió a 145, de los cuales más de un centenar se registraron en la provincia de Songkhla, una de las zonas más afectadas por la catástrofe. El distrito de Hat Yai se convirtió en escenario de angustia, donde habitantes tuvieron que subir a los techos de sus casas, esperando ser rescatados en botes mientras el agua alcanzaba el segundo piso de las viviendas. La morgue del hospital local colapsó ante la cantidad de víctimas, obligando a las autoridades a buscar espacios alternos para los cuerpos.
El gobierno tailandés suspendió al jefe del distrito de Hat Yai por su ineficiente respuesta ante la emergencia, mientras los relatos de los sobrevivientes reflejan el impacto humano del desastre. Algunos vecinos narraron cómo las aguas pasaron de cubrir los tobillos a superar la cintura en pocas horas, obligándolos a huir para salvar sus vidas.
La situación no es menos crítica en Indonesia, donde las inundaciones y deslizamientos de tierra registrados en la isla de Sumatra han causado al menos 174 muertes y 80 personas continúan desaparecidas. El jefe de la Agencia Nacional de Gestión de Catástrofes advirtió que la cifra de víctimas podría aumentar debido a que aún hay zonas completamente inaccesibles. Las carreteras se encuentran bloqueadas, y algunos rescates se intentan realizar por vía aérea, aunque las condiciones climáticas lo dificultan.
En la provincia de Sumatra occidental, los residentes describieron momentos de desesperación y esfuerzos por mantenerse con vida mientras el agua alcanzaba la cintura y amenazaba con arrastrarlos. Las familias pasaron la noche vigilando el nivel del agua, sin electricidad y con escasos recursos.
Más al oeste, Sri Lanka también lucha contra los estragos del temporal. El gobierno desplegó este viernes tropas del ejército para apoyar las labores de evacuación y rescate en zonas golpeadas por inundaciones y deslizamientos de tierra que han provocado al menos 56 muertes y 21 desaparecidos. Las autoridades continúan monitoreando de cerca el riesgo de nuevos deslaves, mientras se instalan albergues temporales para los damnificados.
Los organismos internacionales han alertado sobre la magnitud de la emergencia y han expresado su preocupación por el aumento de fenómenos climáticos extremos que afectan especialmente a comunidades vulnerables. Los gobiernos locales, con apoyo de equipos de rescate y organizaciones humanitarias, se encuentran en operativos constantes para evacuar familias, habilitar refugios y brindar atención médica a los afectados, mientras el clima continúa siendo una amenaza latente.

