La crisis en Oriente Medio alcanzó un nuevo punto crítico este viernes tras una serie de ataques coordinados con drones por parte de Irán contra la refinería Mina Al Ahmadi, en Kuwait. La Agencia Oficial de Noticias de Kuwait confirmó que la incursión hostil provocó incendios de magnitud en varias unidades de producción, obligando a la paralización parcial del complejo energético. Aunque no se reportaron víctimas fatales en la planta, el incidente se suma a una ofensiva mayor que incluyó disparos de misiles hacia Emiratos Árabes Unidos y la interceptación de más de una docena de drones en territorio de Arabia Saudita en menos de dos horas.
Esta arremetida responde a la muerte de Alí Mohamad Naini, portavoz de los Guardianes de la Revolución de Irán, quien falleció durante lo que Teherán calificó como un «ataque terrorista criminal» perpetrado por la coalición de Estados Unidos e Israel. Minutos antes de su deceso, Naini había emitido un comunicado asegurando que la industria balística iraní mantenía una capacidad de fabricación «perfecta» pese al conflicto. Esta baja se suma a una lista de altos funcionarios iraníes abatidos desde que se intensificó la guerra el pasado 28 de febrero, exacerbando la retórica de represalia por parte del ejército ideológico iraní.
El conflicto, que ya cumple tres semanas de hostilidades ininterrumpidas, está lastrando la actividad económica mundial y genera temores fundados sobre una crisis energética global. Irán, al verse dominado en el espacio aéreo, ha optado por una estrategia de desgaste apuntando diariamente a las infraestructuras de hidrocarburos de sus vecinos y manteniendo el bloqueo en el estratégico estrecho de Ormuz. Esta táctica busca elevar al máximo el costo de la guerra para la comunidad internacional, afectando una ruta por la que transita el 20 % del comercio mundial de petróleo.
En medio de los estruendos de la guerra, la región intenta observar las festividades del Año Nuevo persa (Noruz) y el fin del ayuno del Ramadán, aunque bajo una atmósfera de profunda incertidumbre. En Teherán, los mercados lucen concurridos por las compras de última hora, pero las calles principales muestran un vacío inusual ante el éxodo de residentes que huyen de los posibles bombardeos. La población civil en ambos lados del Golfo mantiene la esperanza de una tregua por las festividades, mientras los líderes políticos mantienen posturas irreconciliables que alejan cualquier señal de apaciguamiento a corto plazo.

