Dentro de una carpa blanca ubicada en Al Zawayda, en el centro de la Franja de Gaza, un grupo de niños vivió por unos minutos lejos de la guerra gracias a la tecnología. Equipados con visores de realidad virtual, los menores —uno de ellos en silla de ruedas— exploraban paisajes de pastos verdes, playas tranquilas y ciudades seguras. Algunos extendían sus manos como si quisieran tocar aquello que solo podían ver, mientras otros reían sorprendidos al sentir que en aquel mundo digital un perro corría hacia ellos o pájaros volaban sobre sus cabezas.
Entre los participantes se encontraba Salah Abu Rukab, un adolescente de 15 años con una lesión craneal causada por el conflicto. Un terapeuta ajustó cuidadosamente los visores azules del programa TechMed Gaza, preguntando si podía ver con claridad. Salah asintió y describió escenas llenas de árboles, flores y césped, imágenes muy distintas a las que lo rodean en su vida diaria. “Disfrutamos esto, nos permite entrar a jardines y espacios con animales”, dijo a la AFP.
Los especialistas aseguran que esta tecnología va más allá de ofrecer un escape temporal. Abdala Abu Shamale, supervisor de salud mental, explicó que junto con programadores desarrollaron juegos y escenarios con metas terapéuticas diseñadas para ayudar a los niños a manejar mejor sus emociones y fortalecer habilidades para enfrentar situaciones difíciles. “Este método demostró ser eficaz durante un año de trabajo, incluso con niños amputados, heridos o expuestos a eventos extremadamente traumáticos”, afirmó.

La terapia con realidad virtual cobra relevancia en un contexto especialmente delicado. Desde el 10 de octubre, Gaza vive bajo una frágil tregua tras dos años de un conflicto devastador entre Israel y Hamás. La Organización Mundial de la Salud advierte que las heridas provocadas por la violencia dejan secuelas mentales profundas, y Unicef estima que un millón de niños en Gaza necesita apoyo psicológico urgente.
Los programas utilizados están diseñados específicamente para atender las necesidades físicas y emocionales de menores traumatizados. Según Shamale, los resultados han sido notables: “Los participantes muestran respuestas muy fuertes y extremadamente positivas. Lo que en una terapia tradicional tomaría semanas o meses, con la RV lo logramos en cinco a siete sesiones”.
Mientras el conflicto sigue marcando a generaciones enteras, estas iniciativas representan un rayo de esperanza para niños que buscan reconstruir un sentido de seguridad y recuperar, aunque sea por instantes, la capacidad de imaginar un mundo distinto.


