Durante años, Aguilares fue sinónimo de violencia. Los titulares que lo describían hablaban de asesinatos, ataques armados, explosivos y amenazas constantes. Era un territorio marcado por el miedo, dominado por estructuras criminales que restringían el libre tránsito, la convivencia y las oportunidades para sus más de 21,000 habitantes. Sin embargo, desde la implementación del Plan Control Territorial en 2019 y, posteriormente, del régimen de excepción en 2022, la realidad cambió radicalmente.
Quienes vivieron esa etapa difícil hoy dan testimonio de un nuevo Aguilares. Guillermo Moreno, conocido como el Gallo Rodante, es vendedor de pan con café y recorre con libertad el parque central y colonias que antes eran inaccesibles. Explica que, años atrás, nadie se atrevía a permanecer en espacios públicos después de las siete de la noche por temor a una balacera, un asalto o una agresión. Ahora, dice, “la ciudad vive una armonía pacífica” que le permite trabajar tranquilo, sin miedo, y moverse libremente por las zonas que antes estaban controladas por pandillas.
Moreno recuerda cómo la violencia le arrebató amigos y oportunidades, pero hoy se muestra optimista. Considera que las nuevas generaciones podrán disfrutar del Aguilares de décadas pasadas, donde la tranquilidad era parte de la vida cotidiana. “Ahora la gente sale con más confianza. Esta paz solo me recuerda los años setenta, cuando se vivía sin tanto temor”, comparte.
La transformación también se refleja en los hogares. Fátima Ramírez, madre de familia, relata cómo el temor era parte de su rutina diaria, especialmente por sus hijos. Vivió situaciones donde le advirtieron que, si llevaba a su hijo adolescente a ciertas zonas, corría el riesgo de que lo reclutaran o lo atacaran. Hoy, asegura, vive con tranquilidad, sin miedo de que sus hijos sean perseguidos o forzados a integrarse a grupos criminales. “Antes hasta el modo de vestir era motivo para ser detenido o amenazado. Hoy eso ya quedó atrás”, afirma.
El cambio también ha impactado en la actividad económica. Comerciantes ambulantes, como Nury Herrera, quien lleva más de 40 años vendiendo ropa en Aguilares, celebran poder trabajar sin extorsiones, amenazas o limitaciones de movimiento. Antes, debía evitar ciertas zonas, esconderse y pagar renta ilegal; ahora puede recorrer las colonias y subirse a los buses sin miedo. “Ya no tengo que andar escondiéndome. Ahora trabajo con libertad, con la tranquilidad que antes no tenía”, cuenta.
Los testimonios se repiten entre emprendedores, jóvenes y familias que hoy disfrutan de espacios públicos, realizan actividades comunitarias y participan en iniciativas sociales que antes eran impensables. Aguilares pasó de ser un lugar marcado por la violencia a convertirse en un símbolo de recuperación y esperanza.
Los habitantes coinciden en que la llegada de la seguridad no solo les devolvió la paz, sino también la libertad de convivir, trabajar y soñar con un futuro mejor.

