El movimiento de derechos humanos de Argentina lamenta la pérdida de una de sus figuras más emblemáticas. A los 97 años, falleció Vera Jarach, referente indiscutible de la organización Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, cuya lucha se convirtió en un símbolo global de la búsqueda de verdad y justicia.
Jarach, nacida en Italia y nacionalizada argentina, se unió a la emblemática organización en 1977 tras la desaparición forzada de su única hija, Franca, en junio de 1976, cuando la joven militante estudiantil tenía apenas 18 años.
La historia personal de Jarach se enmarca en la resistencia. Ella misma había llegado a Argentina siendo una niña, huyendo del fascismo en Italia, y era nieta de una víctima del Holocausto que murió en el campo de concentración de Auschwitz.
Testimonios de sobrevivientes ubicaron a Franca Jarach como una de las miles de víctimas que fueron detenidas y torturadas en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los centros clandestinos de detención más temibles de la dictadura cívico-militar (1976-1983). Se presume que la joven fue víctima de los denominados «vuelos de la muerte», un método de exterminio que consistía en arrojar a los detenidos narcotizados al Río de la Plata desde aeronaves.
Vera Jarach dedicó el resto de su vida a buscar incansablemente la verdad sobre el destino de su hija y el de los 30.000 desaparecidos que, según organismos defensores, dejó el régimen.
En un emotivo comunicado, Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo, despidió a su compañera: «Vera querida, compañera inteligente, culta, alegre tantas veces y en silencio algunas otras, porque en tu ánimo giraba la pregunta que nunca debía existir: ¿por qué?».
Los restos de Vera Jarach serán despedidos en un homenaje que tendrá lugar en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, en reconocimiento a su inestimable aporte a la defensa de los derechos humanos.

