Una reciente explosión en el ausol más grande de Centroamérica, ubicado en el cantón El Barro, Ahuachapán, levantó tierra y gases del subsuelo, recordando a los habitantes un suceso similar ocurrido en 1990. En ese entonces, más de 30 personas murieron y la panadería más grande y emblemática del lugar fue sepultada por barro hirviente.
En la comunidad existe un caserío llamado Las Angustias, nombrado así en memoria de aquella tragedia. Nelson Magaña, un exmilitar que vive a 500 metros del ausol, llegó a observar los daños recientes y desde lejos contó a su sobrino lo que vivió hace 30 años.
Magaña recordó que tras la explosión de 1990, el cantón quedó cubierto de ceniza, con árboles calcinados y cuerpos mutilados o abrazados a sus hijos, una escena desgarradora. Él fue quien colocó la cinta de precaución alrededor del ausol, temiendo que la tragedia se repitiera.
Explicó que la explosión ocurrió cuando el agua fría entró de golpe en el ausol, que entonces medía dos metros de diámetro. La panadería desapareció junto con su personal, muchos murieron en sus camas sin poder reaccionar. Sin embargo, afirmó que lo ocurrido recientemente no se compara con esa catástrofe.
La zona es conocida por su alta actividad geotérmica, con al menos 130 ausoles en los alrededores, pero este es el más grande de Centroamérica. Geólogos confirmaron que la reciente explosión fue provocada por una falla local.
Para Magaña, este evento es un recordatorio constante del peligro que representa esta joya natural. Las autoridades cerraron los centros turísticos por 72 horas como medida preventiva. Él concluyó que la zona debe mantenerse protegida, ya que representa un riesgo para personas y animales.
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