Estudiantes del Bachillerato Agropecuario del Instituto Nacional de Nueva Guadalupe (INNG), en San Miguel Oeste, celebraron esta semana la segunda cosecha de pepino variedad Lisboa, cultivado dentro de una de las casas malla del centro educativo. La actividad forma parte del módulo de producción de hortalizas, que cursan los alumnos de segundo año como parte de su formación técnica y práctica.
La experiencia permite a los jóvenes aplicar paso a paso los conocimientos adquiridos en aula, desde la preparación del semillero hasta la comercialización del producto.
«Trabajamos desde la elaboración de un semillero, la parte de preparación del suelo, el trasplante, en caso de ser necesario, el control de plagas y enfermedades, su tutoreo, fertilización», explicó el docente Raúl Rodas.
El enfoque integral del módulo busca que cada estudiante viva la experiencia completa de un ciclo de cultivo, con miras a fortalecer sus capacidades técnicas para futuros emprendimientos o estudios superiores.
«Lo que se busca es que el estudiante adquiera esos conocimientos y la experiencia para que cuando se gradúe tenga esas herramientas», agregó Rodas.
Ábner Quintanilla, un estudiante de 19 años, compartió que ha comenzado a replicar lo aprendido en su casa, aunque reconoció que el manejo técnico que exige una casa malla hace la diferencia.
«He sembrado un poquito en lo libre, pero no es igual, porque puede agarrar mosca blanca u hongo (…). Acá nos enseñan cómo contrarrestar eso, cómo hacer abono orgánico, cultivar hortalizas, inyectar, capar cerdos, y otras cosas», dijo con entusiasmo, mientras expresó su deseo de convertirse en ingeniero agrónomo.
Además de los conocimientos agrícolas, el programa educativo incluye nociones sobre la cadena de valor y sostenibilidad, con énfasis en la comercialización de los productos generados por la granja escolar.
«Nuestro primer propósito es pedagógico, que el estudiante aprenda, pero también buscamos que la experiencia sea sostenible», apuntó Rodas.
Los estudiantes han empezado a vender parte de la cosecha a la comunidad educativa y a personas externas, ofreciendo cuatro pepinos por un dólar. En unas cinco semanas esperan una nueva cosecha, reforzando así no solo su aprendizaje, sino también una visión productiva con impacto local.
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