Pasadas las fiestas de fin de año, a 26 días del 4 de febrero de 2024 (y en cuenta regresiva), e, iniciado ya, el periodo de votación para los salvadoreños con dirección en el extranjero en su Documento Único de Identidad -DUI-; el eje de la campaña electoral para Presidente y para Diputados a la Asamblea Legislativa, ha sido centrado en la seguridad ciudadana.

Por un lado, Nayib Bukele, indiscutible en la preferencia popular y en la intención de voto para ganar un segundo periodo presidencial a partir del primero de junio próximo, según las diferentes encuestas de opinión, particularmente por los resultados en materia de seguridad; cómo candidato, ha puesto el énfasis en el llamado a “No permitas que regrese el pasado…Nunca más”, en referencia a la huella de luto, dolor y terror que durante 3 décadas, sembraron las pandillas en la sociedad salvadoreña, asesinando a miles y obligando a cientos de miles a migrar internamente primero y luego hacia el exterior. Y, a los millones que no se fueron, las pandillas los convirtieron en rehenes de su accionar terrorista.

Con este mensaje, en una narrativa de imágenes y testimonios de las víctimas, va directo al sentimiento ciudadano, activa la conciencia colectiva de una sociedad que fue abusada y sojuzgada, muestra que la solución era posible, pero apartando del gobierno (de la gestión del Estado) a los partidos cómplices de que esa barbarie se cometiera (ARENA-FMLN y sus aliados en la oposición en la actual coyuntura).

Alerta, sobre el riesgo de regresar al pasado, dejando implícito el llamado a la población a que le acompañen votando por él y a que le respalden votando por Nuevas Ideas y obtener la mayor cantidad de diputados, como garantía de “…al pasado…nunca más”.

El candidato Bukele, soporta su argumento en los resultados exitosos de su política de seguridad, alcanzado en las diferentes fases del Plan Control Territorial y la guerra contra las pandillas, logrado a partir del cambio a su favor de la correlación de fuerzas por el abrumador apoyo ciudadano obtenido el 28 de febrero de 2021, que le permitió generar las condiciones político-administrativas para lograr la sinergia interinstitucional que ha sido clave en los resultados, particularmente para implementar y mantener, conforme el Artículo 29 de la Constitución, el Régimen de Excepción. Con esto, da “parte” (rinde cuentas) a la nación de que el poder que le han conferido, mediante los votos (las mayorías legislativas), ha sido usado conforme los parámetros institucionales y la legalidad. Muestra una política de hechos concretos, con resultados tangibles y medibles que responden a la demanda ciudadana.

Se acompaña este relato con los informes del gabinete de seguridad y el Fiscal General, sobre los éxitos obtenidos durante su gobierno: 518 días sin homicidios, 154 homicidios durante 2023, una tasa de 2.4 homicidios por cada 100, 000 habitantes (en 2015 esta fue de 103 homicidios por cada 100, 000 habitantes); 94.8% tasa de efectividad en resolución de homicidios. 75,163 capturados en el marco del régimen de excepción, y según las fuentes oficiales, con cerca del 10% de los detenidos a los que se ha dejado en libertad (libertad total o con medidas sustitutivas a la detención provisional).

Esto le sirve a Bukele, para pedir a los salvadoreños, que le refrenden con votos una mayoría suficiente para gobernar en un segundo periodo presidencial con las mayorías legislativas y poder impulsar políticas públicas para gestar los cambios económico-sociales que requiere la sociedad salvadoreña para superar su estructural e histórica injusticia social, por ello su planteamiento para un segundo periodo de gobierno: Educación, Salud y Economía. Argumenta, en el fondo, que para avanzar hacia el “ideal común”, debe tener el poder político sin restricción para evitar detenerse a construir pactos, construir alianzas y otorgar concesiones.

Por su parte el bloque oposicionista, ARENA-FMLN y los otros, no han logrado articular propuesta, ni ser atractivos al votante, y, se mantienen en la denuncia de que Bukele es una candidatura que violenta la Constitución, desconociendo a conveniencia la resolución de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia; a pesar del éxito del Plan Control Territorial y de los efectos del Régimen de Excepción, niegan los resultados y continúan su denuncia sobre hechos de violación a derechos humanos de los detenidos; atacan al pueblo de ser ignorante, de estar deslumbrado por espejitos, de ser atontados por el pan y circo del régimen.

Ante la inminencia de las preferencias electorales, el oposicionismo lanza campaña contra el Tribunal Supremo Electoral acusándolo de no ser confiable o de que habrá fraude. En general, claman por la democracia, pensando en la aristocracia, donde ellos “los sabios” y “los potentados” ejerzan el poder político sobre el populacho.

La apuesta oposicionista, ARENA- FMLN y demás partidos, junto a otros sectores contrarios al gobierno, se centró en la expectativa de que el gobierno de Estados Unidos y los gobiernos europeos obligarían a Bukele a retroceder. Grandes medios (entre ellos DW-France 24), no sólo han sesgado la información incluso han mentido en sus notas periodísticas, para construir una narrativa antibukele, que sorprendiera a lectores con poca información o potenciara su lobby en los centros de poder. Aún hoy, albergan esa idea, por eso se aferran al estribillo de inconstitucionalidad, de la existencia de una dictadura, de la violación a derechos humanos en el Régimen de Excepción, de la corrupción desenfrenada, señalan que en un momento remoto Bukele y los suyos serán juzgados.

El oposicionismo no encontró una propuesta alternativa ni innovadora, no logró forjar una idea de cambio, no encontró un liderazgo competitivo, se embarró en las prácticas de las viejas formaciones políticas ya caducas y detestadas por la población. Su apuesta fue ganar por default y perderán.

Es claro, como lo apuntaban los macro diagnósticos, para avanzar a superar los problemas del desarrollo y de la integración, debía antes resolverse el problema nodal de la delincuencia terrorista de las pandillas. A esa tarea se dedicó Bukele con determinación en este primer mandato y logró con el poder integrado del Estado derrotar a las estructuras terroristas. Eso ha abierto un nuevo momento de la vida nacional, con lo que se ha quitado esa retranca a la sociedad para que pueda emprender sus iniciativas de vida familiar y económicamente para lograr sus aspiraciones de realización. Falta mucho por hacer, pero ya no hay excusas de que un poder paralelo e ilegal lo impida, será más fácil con el apoyo de políticas públicas de un Estado orientado al desarrollo y prosperidad de la persona humana.

Hasta hace unos años, a los salvadoreños cuando decían su nacionalidad, en Los Ángeles y otras ciudades de Estados Unidos, o México, les increpaban si eran de la MS o de la 18. En Centroamérica y otros países de la región, nos decían esos son “los de las maras”, y las notas periodísticas de los grandes medios internacionales sobre la ola de homicidios e historias de las atrocidades de las pandillas no eran algo para presumir de ser salvadoreños.

En el sentido de las libertades, las acciones del gobierno de Bukele, han recuperado para la gente, la idea de vivir sin temor a las pandillas, la capacidad de movilización irrestricta, la de hacer uso y gozo de su patrimonio, de sus bienes de vida y económicos, por humilde que estos sean; la gente ha recuperado un sentido de dignidad, el sentir de que hay un Estado que está a su servicio y le ha ensanchado el pecho de orgullo nacional a todos los salvadoreños, independientemente de la condición social, económica o su afinidad política, o, si están en el extranjero, lo que invita a cantar con más orgullo y emoción el himno nacional.

Bukele, en términos coloquiales, sin despreciar o ignorar a los clásicos de la ciencia y la filosofía política, es reconocido por personas diversas como el presidente símbolo de lo que un buen gobierno debe hacer: resolver sin retóricas los problemas urgentes de inseguridad, tanto en Estados Unidos, como en Latinoamérica. El tema del crimen y la violencia mafiosa ha llevado a crear sagas de incontables superhéroes, por eso es que ven con atención lo que ha pasado en “El Salvador de Bukele”, cómo lo logró, en tan corto tiempo, cómo redujo la tasa de impunidad, cómo adecuo la institucionalidad permisiva y garantista y la convirtió en una institucionalidad fuerte y eficiente contra los homicidas y mafiosos.

Como líder disruptivo y transformacional, Bukele ha asumido la gran tarea de refundar El Salvador, en ese sentido es la continuidad de la lucha de 200 años de patriotas que han regado con sudor y sangre nuestras tierras por un mejor país; para eso, impulsa una línea clara de construir poder político, para con ese poder, refundar el Estado y transformar la institucionalidad y la cultura institucional. Pero, no es el poder per se, sino, el poder para el cambio económico social. Bukele entiende su rol en la coyuntura histórica, sabe que debe ser el jefe del cambio político en el actual momento y hacer avanzar esas transformaciones hasta un punto de no retorno, por eso la celeridad del proceso y los cambios normativos.

Bukele sabe que debe, para la sostenibilidad de su legado, asentar el futuro (El Salvador post Bukele) en un gobierno de leyes, para ello adecuaran las normas que sean necesarias y a la base implementan acciones para el cambio actitudinal de la sociedad, hay, después de todo, un proceso de disciplinamiento social para orientar las conductas y comportamientos de los individuos y de la sociedad en general para volverlos acorde al nuevo orden que se gesta, en función del nuevo paradigma país.

Para ese propósito es que requiere obtener nuevamente, votos suficientes para contar con las tres mayorías legislativas: la mayoría simple 31 diputados, para aprobar leyes y modificaciones y otros decretos; la mayoría calificada 41 diputados, para préstamos, ratificación de convenios; y, la mayoría absoluta, 46 diputados, para el Régimen de Excepción.

Bukele ha generado en las mayorías salvadoreñas un entusiasmo político y una expectativa de que es posible la justicia social, es el adalid del cambio, ha logrado impregnar como horizonte realizable el sueño de un mejor futuro para los salvadoreños. Desde esa perspectiva, su accionar en el gobierno y su discurso, ha desnudado al oposicionismo en su interés conservador que ha intentado evitar los cambios aludiendo, en su beneficio, a la defensa de la democracia, de la constitución y de las instituciones. Antes apelaban a una democracia popular y al poder de las mayorías, hoy, las cuestionan y descalifican, a la vez que reclaman independencia de poderes en un país donde el poder no ha sido independiente y ha estado al servicio de las elites y contra el pueblo.

En el análisis electoral, es previsible, como de manera sostenida lo han revelado las encuestas que Nayib Bukele ganará con solvencia las elecciones presidenciales, asegurando un segundo mandato con una mayoría legislativa suficiente; por eso su campaña actualmente está enfocada en dar razones, en motivar, en movilizar a los millones de votantes de porqué deben acudir a votar masivamente por Nuevas Ideas y obtener por si mismos diputados para ejercer las tres mayorías legislativas.

Bukele sabe que ganará, y que su imagen arrastra el voto hacia Nuevas Ideas, eso ya no está en discusión; el punto hoy es la contundencia de esa victoria, va tras una victoria tal que legitime la continuidad y profundidad del cambio y asegure que no habrá marcha atrás. Por eso no se equivocan con el lema de “Al pasado de terror pandilleril…nunca más”.

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