Los resultados obtenidos por el sistema penitenciario de El Salvador, especialmente tras la puesta en marcha del Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot), han comenzado a marcar un precedente en América Latina, donde diversos gobiernos observan el modelo salvadoreño como una alternativa frente al avance del crimen organizado y la violencia carcelaria.
La megacárcel inaugurada el 1 de febrero de 2023 bajo la administración del presidente Nayib Bukele, con capacidad para albergar hasta 40,000 reclusos de alta peligrosidad, se ha convertido en uno de los símbolos más visibles de la estrategia de seguridad implementada en el país. Su diseño, infraestructura y régimen estricto de control han sido señalados como factores clave para limitar la operatividad de estructuras criminales desde los centros penales.
Uno de los países que ya materializó una iniciativa inspirada en el modelo salvadoreño es Ecuador. El pasado 8 de noviembre entró en funcionamiento la cárcel de máxima seguridad denominada El Encuentro, ubicada en la provincia de Santa Elena. La prisión, construida en menos de dos años con una inversión de 52 millones de dólares, tiene capacidad para 736 reclusos y ya recibió a los primeros internos considerados de alta peligrosidad, según informaron medios locales.
El presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, confirmó el traslado inicial de 300 reos, quienes fueron movilizados bajo estrictas medidas de seguridad desde el complejo penitenciario de Guayaquil. El mandatario ha reiterado que su gobierno planea construir dos cárceles inspiradas en el Cecot, como parte de una estrategia para recuperar el control del sistema penitenciario.
Perú también avanza en un proyecto similar. Las autoridades iniciaron este año la construcción de un nuevo penal de máxima seguridad en la isla El Frontón, con una inversión estimada de 141 millones de dólares y un plazo de ejecución de entre ocho y diez meses. El centro estará destinado a albergar a cabecillas de organizaciones criminales, priorizando el aislamiento y el uso de tecnología para impedir comunicaciones con el exterior.
En Paraguay, el presidente Santiago Peña ha manifestado abiertamente su interés en el modelo salvadoreño. En agosto pasado, el mandatario difundió imágenes de traslados de reclusos hacia la cárcel de máxima seguridad de Minga Guazú, inaugurada en 2024 y con capacidad para 1,300 internos. Peña ha señalado que la estrategia busca recuperar la autoridad del Estado y eliminar los privilegios dentro de las prisiones.
En Centroamérica, Costa Rica inició la construcción del Centro de Alta Contención del Crimen Organizado (Cacco), inspirado en el Cecot. El proyecto cuenta con una inversión inicial de 35 millones de dólares, estará finalizado en 2026 y tendrá capacidad para 5,000 reclusos. El presidente Rodrigo Chaves respaldó la iniciativa, señalando la necesidad de fortalecer el sistema de justicia y seguridad del país.
El Cecot, construido en 236 manzanas de terreno en una zona alejada del casco urbano de Tecoluca, San Vicente, destaca por sus altos muros, múltiples anillos de seguridad y vigilancia permanente a cargo de policías y militares. Además, cuenta con salas de audiencias internas que permiten procesar judicialmente a los reclusos sin traslados externos, reforzando el aislamiento total.
Otros países de la región también evalúan proyectos similares. Guatemala anunció que ya cuenta con los planos para una nueva cárcel de máxima seguridad, mientras que Honduras ha replicado medidas como el estado de excepción y el traslado de reos a penales de alta seguridad, con miras a construir un centro inspirado en el modelo salvadoreño.
De esta forma, El Salvador se posiciona como un referente regional en materia penitenciaria, con un modelo que ha comenzado a influir en las políticas de seguridad de varios países latinoamericanos que buscan enfrentar de manera más contundente al crimen organizado.

