Una vida en movimiento: Don Chabelo y la dignidad del trabajo diario

A sus 88 años, Isabel Ferrer Díaz recorre cada día el pueblo con la misma energía con la que ha trabajado desde la infancia, convirtiéndose en símbolo de dignidad y esfuerzo.

¿Cuántos pasos habrá caminado una persona a lo largo de toda una vida? En San Juan de Nonualco, esa pregunta parece tener nombre y rostro: Isabel Ferrer Díaz, conocido por todos como Don Chabelo. Sus piernas y sus pies han recorrido durante 88 años las calles del distrito, cargando no solo mandados, sino también historias, recuerdos y el pulso cotidiano de una comunidad que lo reconoce como parte esencial de su identidad.

Desde los 12 años, Don Chabelo aprendió el valor del trabajo en la algodonera, cortando algodón, deshijando y floreando. Con el tiempo, su oficio cambió, pero no su espíritu. Hoy vive de hacer mandados en el mercado y en los alrededores del pueblo, y aunque su edad exacta pueda ser motivo de duda, eso resulta secundario frente a la fortaleza que demuestra cada día para levantarse y seguir adelante.

Quienes lo conocen coinciden en describirlo como una persona humilde, servicial y honesta. Cada mañana, a las seis en punto, inicia su jornada agradeciendo a Dios y saliendo a cumplir con lo que haga falta. Camina rápido, va y viene sin descanso, con una energía que sorprende incluso a los más jóvenes, y con una disposición constante para ayudar a quien se lo pida.

Don Chabelo no es solo el hombre de los mandados; es un ejemplo vivo de dignidad, esfuerzo y amor por los demás. En sus pasos se resume una vida de trabajo silencioso y de servicio desinteresado, una historia que sigue escribiéndose todos los días en las calles de San Juan de Nonualco, donde su presencia es ya parte del corazón del pueblo.

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