Posada navideña reúne a más vecinos en Cucumacayán gracias a las mejoras en seguridad

Al ritmo de villancicos tradicionales y con velas encendidas, los habitantes de la colonia Cucumacayán, en San Salvador Centro, celebraron una posada navideña marcada por la tranquilidad y la participación comunitaria, un escenario que, según los vecinos, ha sido posible gracias a las mejoras en seguridad que vive el país.

«Campana sobre campana y sobre campana una, asómate a la ventana y verás al niño en la cuna», entonaban niños, jóvenes y adultos mientras recorrían las calles de la colonia, una de las pocas comunidades capitalinas que aún mantiene viva esta tradición en el marco de la natividad de Jesús.

Vecinos aseguran que el fortalecimiento de la seguridad, impulsado por la política del Gobierno del presidente Nayib Bukele, ha permitido que esta celebración religiosa recobre fuerza. Desde 2022, la participación ha aumentado notablemente, en especial de niños y jóvenes, debido al clima de paz que se vive tras la captura de miles de integrantes de estructuras criminales que por años mantuvieron control sobre diferentes zonas del país.

Las posadas, una tradición católica arraigada en varios países de Latinoamérica, rememoran el peregrinaje de José y María rumbo a Belén, cuando buscaban refugio antes del nacimiento de Jesús. En Cucumacayán, esta práctica inicia cada 1.º de diciembre y culmina con la representación del nacimiento.

La jornada comenzó a las 7 de la noche del viernes 12 de diciembre en la vivienda de la familia Carpio, donde la noche anterior había pernoctado simbólicamente la Sagrada Familia. Acompañados por guitarras y panderos, los fieles caminaron con serenidad por una de las calles de la colonia hasta llegar a la casa de Rosa de Monge, evidenciando un ambiente de confianza y calma.

La tranquilidad se percibe en cada paso, aseguran los participantes, quienes atribuyen este cambio a la estrategia de seguridad implementada desde junio de 2019 y reforzada con el régimen de excepción a partir de marzo de 2022.

Entre los asistentes estuvo Karla Zelaya, quien participó junto a su esposo y su hijo André Esaú, de dos años, el más pequeño del grupo. La madre destacó que la seguridad es un factor determinante para sumarse a estas actividades comunitarias.

«La seguridad influye bastante para que podamos salir y andar en las posadas. Ando aquí por mi hijo, para que él aprenda y viva la Navidad como realmente es y el significado que tiene», expresó.

Al llegar a la vivienda anfitriona, los participantes se dividieron en dos grupos: uno representó a la Sagrada Familia fuera de la casa y el otro a los mesoneros dentro del hogar. Los cantos tradicionales marcaron el diálogo simbólico hasta que finalmente se abrieron las puertas, dando paso a la convivencia, una reflexión bíblica y un refrigerio compartido.

Roberto Machuca, uno de los coordinadores de la actividad, afirmó que la política de seguridad ha sido clave para que la tradición no desaparezca, sino que, por el contrario, se fortalezca. Señaló que el grupo pasó de apenas tres personas en años anteriores a reunir entre 25 y hasta 50 participantes.

«Ahora no nos da miedo; salimos, cantamos y compartimos. Antes era llegar rápido a la casa y resguardarnos. Hoy la convivencia es completamente diferente», comentó.

Machuca añadió que el ambiente seguro ha favorecido la participación de más jóvenes, niños y adultos mayores, fortaleciendo el sentido comunitario y la vivencia de la fe.

Carlos Peña, encargado de tocar la guitarra durante el recorrido, destacó el ánimo de los asistentes y la ausencia del temor que antes generaba la violencia. «La comunidad se siente contenta al participar en actividades en un ambiente seguro y tranquilo, lo que fortalece la fe y las tradiciones cristianas», afirmó.

Por su parte, Ana Quiroga subrayó la importancia de las posadas como un espacio de reflexión, oración y encuentro, y señaló que transmitir estas tradiciones a las nuevas generaciones es fundamental. Aseguró que las actuales condiciones de seguridad les permiten salir y celebrar con tranquilidad, algo que durante muchos años fue impensable en varias comunidades del país.

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