La guerra en el Líbano, desatada el pasado 2 de marzo, ha transformado el milagro de la vida en una lucha desesperada por la supervivencia. Según datos del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), de las 620,000 mujeres desplazadas por el conflicto, aproximadamente 13,500 se encuentran embarazadas. Estas mujeres han pasado de planificar sus partos en la calidez de sus hogares a enfrentar la realidad de centros de acogida saturados, donde la falta de higiene, la nula privacidad y la escasez de leche infantil marcan el primer contacto de sus hijos con el mundo.
Casos como el de Mariam Zein, de 26 años, reflejan la resignación de una generación de madres que huyó del sur del Líbano sin saber si sus viviendas siguen en pie. Zein, refugiada en un centro a las afueras de Beirut con su bebé de once semanas, relata cómo la falta de intimidad la obligó a destetar a su hijo, sumándose a la angustia de no encontrar ropa o alimento adecuado. En la misma situación se encuentra Ghada Issa, quien vive apretujada en una tienda dentro de una escuela de la capital, esperando dar a luz en un entorno que califica como «no apto para mujeres embarazadas».
La asistencia médica se ha vuelto itinerante. La oenegé Caritas Líbano, financiada por la ONU, opera clínicas móviles en tiendas equipadas con ecógrafos portátiles para garantizar revisiones críticas. La doctora Theresia Nassar, ginecóloga obstetra, es quien brinda este soporte vital a mujeres que, en muchos casos, han perdido todas sus pertenencias bajo los escombros. En Sidón, el panorama es similar: madres como Ghada Fadel cuidan de gemelos recién nacidos en aulas universitarias, tras confirmar que sus hogares en la frontera con Israel fueron reducidos a cenizas por los bombardeos.
Finalmente, aunque existe una frágil tregua de diez días que inició a mediados de abril, la incertidumbre y el hacinamiento persisten. Las autoridades libanesas reportan más de 2,450 fallecidos y miles de familias que, al igual que los protagonistas de esta crisis, han visto desaparecer su patrimonio y sus sueños de estabilidad. Para estas madres, la prioridad absoluta es mantener a sus hijos cerca, mientras el mundo observa cómo la guerra no solo destruye edificios, sino que también vulnera los derechos más básicos de la niñez y la maternidad en el Líbano.

