La agroecología tiene sonrisa de mujer

Milagro de los Ángeles Moz Salazar

Estudiante de Agroecología -ULS-

En parte me decidí a estudiar Agroecología (en la Universidad Luterana Salvadoreña -ULS-), porque la vida, con sus altibajos, ha sido el instrumento que labró mi cuerpo, mi espíritu y mis expectativas, y hasta creo que esta carrera es la que le dará sentido a mis ilusiones, sueños, carácter, nostalgias y hasta a mi sonrisa espontánea, la que siempre he querido creer que es como la semilla de la felicidad guardada en una Caja de Pandora. La vida me ha labrado con ausencias inesperadas y presencias no solicitadas, y ha hecho todo lo posible por meterme sus colmillos y presentarse como algo duro, pero que nunca permití que me endureciera ni me inmovilizara, y también me mostró que para el desarrollo de un sistema agroalimentario sostenible, es fundamental la participación profesional de las mujeres, porque en lo cultural y cotidiano la mujer ha sido quien ha sostenido las hazañas agrícolas más asombrosas en toda la historia de la humanidad.  

En el país el desarrollo de la agroecología como práctica alimentaria sostenible, debería pasar por las manos de las mujeres, porque somos nosotras las que sabríamos construir una transición real e igualitaria. Al estudiar la historia descubrí que las mujeres hemos sido protagonistas en la producción agroalimentaria, en la promoción de iniciativas agroecológicas, y en la difusión de prácticas agrícolas sostenibles y solidarias, y descubrí también que hemos sido invisibilizadas y que todo nuestro aporte no se ha traducido en una mejora de condiciones e igualdad con los hombres, ya que un porcentaje importante sigue atado al cuido del hogar. La presencia de un buen porcentaje de mujeres estudiando Agroecología en la ULS es alentador, ya que nos permitirá seguir contribuyendo al desarrollo del área rural y algunas áreas urbanas que formen parte de una nueva propuesta agroecológica con justicia social que espero sea diseñada en la ULS.

En este ciclo de estudios he comprendido que la agroecología es un modelo alternativo al tradicional modelo agroindustrial, y que lo más novedoso es que busca romper con la exclusión y desigualdad de las mujeres haciendo visibles sus aportes y ponderándolos de forma justa.

Luego de estudiar, en la materia sociología general, el impacto sociocultural y económico de la revolución industrial en Inglaterra (1760 a 1860), quiero pensar que la agroecología es una “revolución sigilosa” que tiene la sonrisa, coraje y ternura de las mujeres que, rompiendo el mito de la dependencia, vuelan sobre la tierra fértil como si fueran mariposas blancas y celestes. Y es una revolución sigilosa porque rompe el viejo paradigma de la agricultura industrializada tradicional que privilegia al hombre y contamina el ambiente. Por su impacto, creo que la agroecología, así como la estoy aprendiendo en la ULS, trasciende los beneficios económicos y ambientales, porque es un estilo de vida en busca de condiciones dignas y justas, para la tierra y para la población, sobre todo para las mujeres que se involucren en lo agroecológico, partiendo de la idea de que habrá plena justicia en la unión del trabajo agroecológico con las responsabilidades familiares.

Para que la agroecología cumpla su promesa de transformación de los sistemas agroalimentarios, a nivel social y ambiental, es esencial que se integren estrategias y políticas que fomenten la equidad de género en el sector agrícola. Antes, hay que resolver el problema del acceso a la tierra y el financiamiento, sin olvidar la necesaria participación de las mujeres en la toma de decisiones dentro del sector agroalimentario. En mi opinión, el liderazgo de las mujeres en lo agroecológico es un factor clave para romper el paradigma obsoleto de que “el campo y la producción son un espacio sólo masculino”, y eso está plasmado en la visón de la ULS.  

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