La elección de un alcalde de origen africano desata una ola de racismo sistémico en Francia

La reciente victoria electoral de Bagayoko en Saint-Denis ha marcado un hito histórico en la política francesa, pero también ha desnudado las fracturas de una sociedad que lucha contra prejuicios profundamente arraigados. Con 52 años y de padres malienses, Bagayoko se convirtió el pasado 15 de marzo en uno de los primeros alcaldes de origen africano en romper el «techo de cristal» en Francia metropolitana. Al frente de una coalición de izquierda radical y comunista, su elección en esta ciudad de 150,000 habitantes —corazón de la multiculturalidad al norte de París— representa un avance significativo para los ciudadanos de origen migrante, históricamente infrarrepresentados en el poder local.

Sin embargo, el triunfo en las urnas ha sido empañado por una virulenta campaña de odio que el propio regidor describe como un «racismo desatado». Desde llamadas anónimas al ayuntamiento con tintes discriminatorios hasta ataques constantes en cuentas de ultraderecha, la gestión de Bagayoko ha estado bajo el fuego cruzado desde el primer día. El punto más crítico ocurrió durante un debate en el canal CNews, donde un panelista comparó indirectamente la naturaleza social del alcalde con la de los «grandes simios», desatando una condena unánime de sectores de izquierda y del propio primer ministro, Sébastien Lecornu, quien calificó los dichos como una «normalización del mal».

La polémica ha trascendido el ámbito local para convertirse en un debate nacional sobre la deriva ideológica de Francia. Mientras el diario Le Monde denuncia una «regresión racista» en la sociedad, Bagayoko ha propuesto medidas contundentes, como el retiro de licencias de difusión a medios que promuevan discursos de odio. Para el nuevo alcalde, su prioridad es atender la «emergencia social» en una ciudad con un 37% de pobreza, impulsando ordenanzas antidesahucios y el desarme de la policía municipal, acciones que sus detractores utilizan para alimentar una narrativa de miedo y división.

Finalmente, el caso de Saint-Denis se perfila como un «laboratorio de pluralidad» en una Francia donde la extrema derecha gana terreno de cara a las presidenciales de 2027. Los habitantes de la ciudad, orgullosos de su diversidad, han cerrado filas en torno a su líder ante los ataques externos. Para las organizaciones antirracistas, los insultos dirigidos a Bagayoko no solo buscan deshumanizar a un funcionario público, sino atacar el modelo de una Francia intercultural que, a pesar de las resistencias, busca consolidarse en el siglo XXI como una nación plural y equitativa.

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