La comunidad cristiana en Tierra Santa se prepara para vivir una Semana Santa marcada por la excepcionalidad y el rigor de la seguridad. El Patriarca Latino de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, anunció oficialmente este martes que las principales liturgias de la Pascua se llevarán a cabo «a puerta cerrada» y sin la asistencia masiva de fieles. Esta decisión responde al complejo escenario de seguridad derivado de la guerra en curso entre Israel e Irán, que ha obligado a las autoridades israelíes a imponer estrictas limitaciones a las reuniones en los sitios más sagrados de la ciudad antigua.
El inicio de la Semana Mayor estuvo empañado por incidentes el pasado Domingo de Ramos, cuando efectivos policiales impidieron el acceso al cardenal Pizzaballa y al Custodio de Tierra Santa, el padre Francesco Ielpo, a la Iglesia del Santo Sepulcro. Tras una ola de críticas internacionales, el primer ministro Benjamin Netanyahu intervino personalmente para declarar que la Iglesia tendría «acceso completo e inmediato», logrando restablecer un diálogo que el propio Patriarca describió como respetuoso y constructivo, a pesar del dolor que causó la restricción inicial a los líderes religiosos.
Debido a la volatilidad del entorno, la Iglesia del Santo Sepulcro —lugar donde la tradición sitúa la crucifixión y resurrección de Jesucristo— solo acogerá a una reducida comunidad local y a un obispo para los oficios sagrados. Ante la imposibilidad de recibir a los miles de peregrinos que anualmente abarrotan el recinto, Pizzaballa confirmó que se realizarán esfuerzos técnicos para transmitir todas las celebraciones en directo a través de plataformas digitales, permitiendo que los cristianos de todo el mundo se unan espiritualmente a los ritos desde sus hogares.
Finalmente, el padre Francesco Ielpo calificó los bloqueos del fin de semana como un «episodio doloroso», pero subrayó que esta crisis representa una oportunidad invaluable para fortalecer los principios de libertad de culto. Para la Custodia de Tierra Santa, el respeto mutuo con las autoridades es la única base posible para una convivencia auténtica y para la protección de lugares que, por su relevancia histórica y espiritual, pertenecen a toda la humanidad. La Pascua de 2026 quedará registrada como un testimonio de fe que prevalece sobre los muros de la guerra y la distancia física.

