José Antonio Kast asume la presidencia de Chile con la promesa de replicar el modelo de seguridad salvadoreño

José Antonio Kast, de 60 años, fue investido oficialmente este miércoles como presidente de Chile en una ceremonia solemne celebrada ante el pleno del Congreso Nacional en Valparaíso. Al expresar su juramento, Kast relevó al mandatario saliente Gabriel Boric, marcando el inicio de una administración que promete instaurar un «gobierno de emergencia». El nuevo jefe de Estado llega a la Casa de la Moneda con el mandato ciudadano de enfrentar con firmeza la delincuencia y la crisis migratoria, las dos prioridades que dominaron su campaña electoral.

La llegada de Kast al poder estrecha los vínculos ideológicos y estratégicos con El Salvador. El ahora mandatario chileno visitó el país en dos ocasiones (2024 y enero de 2026), donde recorrió el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) y elogió públicamente el modelo de seguridad del presidente Nayib Bukele. Durante dichas visitas, Kast manifestó su interés por adaptar las estrategias de control territorial salvadoreñas al contexto chileno, posicionando a El Salvador como un referente clave para su nueva política de seguridad interna.

En representación del Gobierno de El Salvador, el vicepresidente Félix Ulloa hijo asistió a la toma de posesión, llevando el saludo oficial del presidente Bukele. Félix Ulloa sostuvo encuentros previos con el presidente Kast y con el primer ministro de Haití, Alix Didier Fils-Aimé, con el objetivo de profundizar la cooperación bilateral en áreas de interés común. Casa Presidencial de El Salvador extendió sus felicitaciones a través de canales oficiales, augurando éxito a la nueva gestión en esta etapa de transformación para el pueblo chileno.

La presencia de Félix Ulloa en Valparaíso simboliza el respaldo de El Salvador a un gobierno que busca restaurar el orden en la región sur del continente. Con el inicio de este periodo presidencial, se abre una ventana para el intercambio de experiencias técnicas en materia de justicia y seguridad. Mientras Kast comienza a implementar su agenda de «mano dura», la diplomacia salvadoreña reafirma su rol como aliado estratégico en el fortalecimiento de las democracias que priorizan la paz social y el combate directo a las estructuras criminales.

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