La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) hizo entrega formal de los planes de restauración para 13 distritos del departamento de San Miguel. Estos documentos, elaborados en el marco del proyecto Reclima, establecen una hoja de ruta técnica diseñada para orientar tanto a los sectores públicos como privados en la gestión sostenible de los recursos naturales. La iniciativa busca priorizar la restauración de ecosistemas y la conservación del agua, factores determinantes para adaptar la agricultura nacional al impacto ambiental actual.
El proyecto Reclima, que ya suma 45 planes de restauración en toda la zona oriental, destaca por su enfoque colaborativo, integrando a líderes comunitarios, organizaciones locales y técnicos especialistas en la creación de soluciones territoriales. Según Jorge Samaniego, representante de la FAO en El Salvador, estos instrumentos no solo guiarán la acción climática, sino que servirán como herramientas fundamentales para la gestión eficiente de recursos, permitiendo que cada distrito tenga una visión clara sobre la recuperación de sus zonas de recarga hídrica.
Los resultados preliminares en el terreno ya muestran avances tangibles, incluyendo la producción de aproximadamente 120,000 árboles frutales y forestales en 15 viveros comunitarios. Esta cifra ha permitido la reforestación de más de 5,000 hectáreas de terreno en la región. Además, se han implementado obras de ingeniería natural como acequias de ladera, barreras vivas y pozos de infiltración, estrategias clave para la cosecha de agua y la protección de los suelos frente a la erosión.
El coordinador del proyecto, Mariano Blanco, resaltó que la intervención se concentra en cuencas estratégicas de Morazán y San Miguel, donde la infiltración es vital para la supervivencia de los nacimientos de agua. Con la entrega de estos planes, se busca garantizar que el aprovechamiento hídrico sea sostenible a largo plazo, brindando a las comunidades una mayor capacidad de respuesta ante las sequías y otros eventos climáticos extremos. El compromiso de la FAO y las municipalidades asegura que estas zonas críticas mantengan su capacidad productiva y ecológica en beneficio de las futuras generaciones.

