3 de febrero de 2019: El «parteaguas» que extinguió el modelo tradicional salvadoreño

Este 3 de febrero se cumplen siete años de un evento que reconfiguró el mapa político y social de El Salvador. La victoria electoral de Nayib Bukele en 2019 no solo representó el ascenso de un nuevo liderazgo, sino el finiquito de casi 30 años de un modelo bipartidista que, según analistas, mantuvo al país sumido en la inseguridad y la corrupción generalizada.

Para el docente y escritor Rafael Góchez, el triunfo de hace siete años fue un desafío directo al «statu quo» y a los poderes fácticos. Góchez recuerda que, aunque en 2019 existían dudas e incertidumbre en algunos sectores, la población decidió mayoritariamente castigar a los partidos tradicionales para buscar una salida a la crisis de seguridad que parecía irreversible.

Del bloqueo a la sinergia estatal El análisis retrospectivo subraya que los primeros dos años de gestión estuvieron marcados por la obstrucción desde los órganos Legislativo y Judicial. Sin embargo, Góchez señala que este bloqueo fue identificado por la ciudadanía, que en 2021 otorgó al Ejecutivo la cuota de poder constitucional necesaria para ejecutar el Plan Control Territorial con eficiencia.

«Hoy se ve claro que todo comenzó hace siete años. Las incertidumbres se han disipado y ahora el país tiene expectativas de desarrollo basadas en indicadores objetivos», resaltó el experto.

El colapso de la vieja política Desde la perspectiva del politólogo David Martínez, el 3 de febrero de 2019 funciona como un «parteaguas» que inauguró una nueva forma de hacer política. Martínez afirma que la llegada de Bukele significó el «punto final» para funcionarios y políticos que durante décadas se beneficiaron del erario público.

  • Bipartidismo en agonía: El análisis apunta a que tanto ARENA como el FMLN se encuentran al borde de la extinción tras revelarse sus pactos con estructuras criminales.
  • Nueva era social: Se destaca un avance en paz social, respeto ciudadano y prosperidad, distanciándose del modelo que colapsó tras la administración de Salvador Sánchez Cerén en 2014.

Un modelo de resultados frente a narrativas Por su parte, el especialista en administración pública, Nelson Flores, califica al bipartidismo como un «espacio oscuro» caracterizado por la pobreza y la venta de cuotas de poder. Flores sostiene que la oposición actual intenta atacar la gestión gubernamental con «narrativas falsas», pero que la realidad territorial se impone.

«Mientras ellos critican y atacan, el presidente les responde con obras. No saben que ya están en proceso de extinción», puntualizó Flores, enfatizando que la población ha validado el cambio al ver soluciones reales a problemas que el modelo anterior fue incapaz de resolver.

Siete años después, El Salvador no solo celebra una fecha electoral, sino el inicio de una transformación que lo ha posicionado como un referente internacional en seguridad y soberanía política.

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