Del miedo a la prosperidad: Tierra Blanca renace y se convierte en motor económico de Usulután

El cantón Tierra Blanca, del distrito de Jiquilisco, en Usulután Oeste, está escribiendo una nueva historia. Durante años fue conocido como una de las zonas más peligrosas y conflictivas del oriente del país, bajo el control de pandillas que limitaron la movilidad, bloquearon oportunidades y sembraron temor entre sus habitantes. Hoy, sin embargo, se posiciona como uno de los sectores más productivos de El Salvador, gracias a su destacada actividad camaronera y a la tranquilidad que ha permitido el desarrollo comunitario.

Previo al régimen de excepción, Tierra Blanca estaba dividido por fronteras invisibles impuestas por la MS-13 y el Barrio 18. Los residentes vivían bajo vigilancia constante, y trasladarse de una comunidad a otra podía significar ser interrogado, amenazado o agredido. La educación, el comercio y hasta la recreación estaban restringidos. “Antes no se podía andar en cualquier parte. Hay lugares que he podido conocer o visitar hasta que se implementó el régimen”, relata Jaime Reyes, habitante del cantón. El simple hecho de abordar un bus hacia el casco urbano era un riesgo.

Pero con la restauración de la seguridad, Tierra Blanca ha encontrado un camino hacia la productividad y el progreso. Las comunidades que antes eran salineras se transformaron en cooperativas camaroneras, actividad que inició en el año 2000 y que hoy es una de las principales fuentes económicas del cantón. Antes, los productores enfrentaban extorsiones, amenazas y robos, lo que desmotivaba y obligaba a muchos a abandonar sus estanques o emigrar. “Era desgastante producir y que al final alguien llegara a quitarnos el dinero y amenazarnos”, recuerda Moisés Hernández, presidente de la cooperativa La Carranza.

Con la tranquilidad actual, el cantón se ha consolidado como una potencia camaronera. Según los mismos productores, Tierra Blanca aporta cerca del 80 % del camarón que se comercializa en El Salvador, gracias al trabajo de 16 cooperativas ubicadas en comunidades como San Hilario y Salinas del Potrero. Este crecimiento ha sido respaldado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), a través del programa Rural Adelante, con maquinaria, insumos, capacitación y el impulso del Festival del Camarón, actividad que ha fortalecido la identidad y el emprendimiento local.

El renacer comunitario no solo se refleja en la economía, sino también en el deporte y la convivencia. Hace poco más de un año, un grupo de jóvenes fundó el Club Deportivo Salinas del Potrero, rescatando la actividad futbolística que por más de siete años estuvo inactiva debido a la violencia. Lo que comenzó como juegos informales hoy reúne a más de 30 participantes, con el apoyo incluso de residentes en el extranjero. “Ahora incluso tenemos patrocinio, y lo más importante es que los jóvenes pueden unirse a cosas buenas”, comenta Elvin Andrés Montes, uno de los organizadores.

Hoy, Tierra Blanca ya no es señalada como una zona peligrosa, sino como un ejemplo de resiliencia, trabajo y transformación. Sus habitantes, que vivieron años de miedo y silencio, ahora alzan la voz para contar una historia diferente: la de una comunidad que dejó atrás la oscuridad y se abrió a la esperanza, la productividad y la libertad.

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