San Vicente está dando un giro histórico. Lo que antes fue una cabecera departamental marcada por la violencia y el temor, hoy se ha convertido en un punto de encuentro para las familias, los emprendedores y los turistas, gracias al nuevo clima de seguridad que se vive en todo el país. Espacios como el parque Antonio José Cañas, la torre del reloj y la basílica Nuestra Señora del Pilar, revitalizados por el Gobierno del presidente Nayib Bukele, se han transformado en símbolos del renacimiento vicentino.
“Estamos felices, de esa forma puedo decirlo todo. La seguridad nos ha devuelto la tranquilidad que anhelábamos”, expresó Ana América de Parras, residente en San Vicente, mientras acompañaba a su hijo y a su nieto en el parque Cañas. Como ella, decenas de familias disfrutan a diario de este espacio remodelado, con iluminación, videovigilancia y áreas recreativas, donde ahora es común ver a turistas y comerciantes locales dinamizando la economía.
Durante años, la cabecera departamental convivió con la presencia de estructuras criminales que operaban tanto en zonas urbanas como rurales, afectando la movilidad, la convivencia y las oportunidades de desarrollo. “Había colonias y barrios donde la gente no se atrevía a entrar, ni siquiera para visitar a sus familiares. Hoy todo eso ha cambiado”, aseguró una fuente policial.
El cambio en seguridad ha desencadenado, además, una transformación económica. “Antes teníamos miedo de invertir, era riesgoso. Hoy sí se puede”, afirmó Valentín Acevedo, emprendedor local. Su testimonio refleja lo que se vive en la ciudad: pequeños negocios surgen, empresas se formalizan y los festivales gastronómicos reúnen cada vez a más participantes. Según la alcaldía de San Vicente Sur, los emprendedores inscritos en estas actividades han pasado de 60 en marzo a 240 en noviembre.
La modernización del centro histórico, ejecutada por la Dirección de Obras Municipales (DOM), ha sido clave. La intervención incluyó la renovación de calles, iluminación, portales, avenidas y la instalación de cámaras de vigilancia, lo cual ha potenciado el turismo y ha motivado a empresarios como el chef vicentino Efraín Antonio Cornejo, propietario de Acapulco Rumba Grill, a invertir en nuevos conceptos gastronómicos.
“Gracias a la seguridad y a la remodelación del centro histórico, decidimos abrir un restaurante con vista hacia la torre. Somos los únicos que ofrecemos cortes premium y una variedad de platillos”, destacó Cornejo, quien ahora recibe tanto a locales como a visitantes nacionales y extranjeros.
El trabajo articulado entre las instituciones, como Conamype, el Ministerio de Cultura y la municipalidad, ha permitido consolidar actividades culturales, turísticas y recreativas que fortalecen el desarrollo comunitario: festivales gastronómicos, experiencias culturales, karaoke y próximamente el festival de comida nostálgica, con juegos tradicionales y turismo familiar.
Hoy, San Vicente no solo es ejemplo de mejora en seguridad, sino de cómo la paz y la inversión pueden transformar la vida de las comunidades, impulsando oportunidades, turismo y progreso.

