Nigeria vuelve a enfrentar una grave crisis nacional tras el secuestro masivo de 315 personas —303 estudiantes y 12 docentes— en una escuela del estado de Níger, en el centro del país, según confirmó la Asociación Cristiana de Nigeria. El incidente tuvo lugar el viernes en la escuela mixta St. Mary’s, donde los atacantes irrumpieron a primera hora, llevándose a casi la mitad de los alumnos inscritos. Este hecho ha generado profunda preocupación y ha vuelto a situar en el foco mundial los desafíos de seguridad que enfrenta la nación africana.
El gobierno nigeriano aún no ha confirmado el número oficial de secuestrados, y el gobernador estatal Umar Bago informó que las fuerzas de inteligencia y la policía continúan realizando verificaciones. La cifra fue actualizada tras una revisión en terreno por parte del obispo Bulus Dauwa Yohanna, quien indicó que varias víctimas fueron capturadas mientras intentaban huir del lugar.
Este nuevo secuestro se suma a una serie de incidentes recientes, incluyendo el rapto de 25 estudiantes en el estado vecino de Kebbi y un ataque contra una iglesia, lo que ha generado alarma en la población y las autoridades. En respuesta, los estados de Níger, Katsina y Plateau ordenaron el cierre de todas las escuelas como medida preventiva, mientras que el Ministerio Nacional de Educación suspendió actividades en 47 internados de secundaria en todo el país.
La gravedad de la situación llevó al presidente Bola Tinubu a cancelar su participación en la cumbre del G20 en Sudáfrica, con el fin de coordinar los esfuerzos nacionales. Desde el extranjero, también hubo llamados a la acción. El secretario de Defensa de Estados Unidos instó a Nigeria a aplicar estrategias efectivas y sostenidas para detener la violencia y proteger especialmente a los grupos vulnerables.
Desde hace años, regiones del centro y noroeste de Nigeria enfrentan la presencia de bandas armadas conocidas como «bandidos», que operan mediante secuestros y extorsiones con fines económicos. Aunque no responden a ideologías específicas, algunos analistas advierten sobre su creciente cercanía con grupos yihadistas activos en el noreste, lo que plantea un riesgo aún mayor para la seguridad nacional.
El recuerdo del secuestro de casi 300 niñas en Chibok en 2014, ejecutado por Boko Haram, sigue muy presente en la sociedad nigeriana. A más de una década, muchas de las víctimas continúan desaparecidas. Estos nuevos episodios reavivan ese dolor y plantean nuevos desafíos al gobierno, en un país golpeado por la violencia, el desplazamiento y la incertidumbre.
Las autoridades se encuentran en proceso de búsqueda y rescate, mientras la comunidad nacional e internacional espera resultados concretos para garantizar el regreso seguro de los estudiantes y docentes.

