El barro vuelve a respirar en Santo Domingo de Guzmán

El distrito de Santo Domingo de Guzmán, en Sonsonate Centro, ha comenzado una nueva etapa de vida y esperanza. Reconocido como la cuna viva de la cultura náhuat-pipil, este pequeño pueblo vuelve a brillar tras años de miedo y olvido que amenazaron con borrar su esencia, su lengua y su principal fuente económica: la alfarería en barro.

Durante décadas, la sombra del asedio de las pandillas y la indiferencia de gobiernos anteriores convirtieron a Santo Domingo en un lugar silenciado. Sus calles empedradas se vaciaron, los talleres cerraron y el idioma ancestral apenas sobrevivía en susurros. Sin embargo, el panorama ha cambiado radicalmente.

Hoy, Santo Domingo de Guzmán vuelve a llenarse de vida. Los hornos se encienden, los turistas regresan y el sonido del náhuat se escucha nuevamente entre las risas y el trabajo de sus artesanos. “Es un pueblo de historia, de gente trabajadora, que lastimosamente vivía atemorizada por las pandillas. Al parque no podíamos venir, pero ahora con la seguridad es otra cosa”, cuenta Tulio Valle, un octogenario que ha sido testigo del renacer de su comunidad.

El oficio del barro, transmitido de generación en generación durante más de 200 años, vuelve a ser fuente de orgullo y sustento. “Antes era difícil vivir de esto. No podíamos salir a vender ni recibir gente en nuestras casas, todo era incertidumbre”, recuerda Medardo Hipólito López, artesano local. “Ahora trabajamos tranquilos, con esperanza. La gente viene, compra y hasta nos hacen encargos grandes”.

Actualmente, más de 60 familias se dedican a la elaboración de piezas artesanales como cántaros, comales, ollas, tazas, esculturas y figuras decorativas que se comercializan en distintos destinos turísticos del país. El auge del turismo ha impulsado tanto la demanda que, según los artesanos, en ocasiones no logran abastecer todos los pedidos.

El barro ha recobrado su valor, no solo económico sino también emocional”, afirma Medardo, mientras describe cómo los jóvenes de la comunidad están mostrando interés en aprender el oficio. La transmisión del conocimiento artesanal y del idioma náhuat simboliza, para los pobladores, la recuperación de su identidad y dignidad como pueblo indígena.

El Gobierno, a través de programas y talleres impulsados durante la gestión del presidente Nayib Bukele, ha acompañado este proceso con capacitaciones y apoyo a la sostenibilidad económica de las familias. Gracias a estas iniciativas y al clima de seguridad, Santo Domingo de Guzmán ha vuelto a convertirse en un símbolo de resistencia cultural, tradición y esperanza, donde cada pieza de barro es una historia que renace entre las manos de su gente.

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