En casi una veintena de ciudades iraníes se ha prohibido sacar a pasear perros en espacios públicos, bajo argumentos de salud, seguridad y orden público, aunque también influyen razones religiosas. En algunas interpretaciones del islam, el contacto con perros o su saliva se considera impuro.
Pese a que en Irán no existe una ley que impida tener perros, y muchas personas los tienen como mascotas, ciertos líderes religiosos y autoridades los ven como símbolos de lujo y de influencia occidental, lo cual critican abiertamente.
En ciudades como Isfahán, Yazd, Kerman e Ilam, las autoridades han adoptado medidas para restringir estas prácticas, advirtiendo que quienes no cumplan se enfrentarán a consecuencias legales, según informó el diario reformista Etemad.
En Teherán existe desde 2019 una orden similar emitida por la policía, aunque no se aplica estrictamente. En los barrios más acomodados de la capital, es común ver personas paseando a sus perros y tiendas especializadas en mascotas.
El fiscal de Hamedan, Abbas Najafi, argumentó que estas actividades amenazan la salud pública y la tranquilidad de la comunidad, según recogió el periódico oficial Irán.
En 2021, un grupo de 75 parlamentarios calificó la tenencia de mascotas como un fenómeno social dañino. Incluso, el líder supremo Alí Jamenei declaró en 2017 que tener perros por razones ajenas al trabajo o la seguridad era reprobable, y si imitaba costumbres de no musulmanes o generaba conflictos, debía considerarse prohibido.
Ya en 2016, la ciudad de Shahin Shahr causó polémica al confiscar mascotas en un intento por combatir lo que denominó la «decadente cultura occidental».
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